La sucesión de grandes sismos registrada recientemente puede generar la impresión de que la Tierra atraviesa un periodo de mayor actividad. La evidencia científica no muestra un aumento sostenido de los grandes terremotos, pero el crecimiento urbano y la vulnerabilidad de las construcciones pueden hacer que sus consecuencias sean cada vez mayores
Ciudad de México (Marcrix Noticias).— Indonesia acaba de sufrir un terremoto de magnitud 7.7 que dejó decenas de muertos, miles de heridos y más de 150 mil desplazados. En otras regiones del planeta, nuevos movimientos y enjambres sísmicos han vuelto a colocar los terremotos entre los temas internacionales de mayor atención.
Cuando varios sismos importantes ocurren con pocos días o semanas de diferencia surge inevitablemente una pregunta: ¿está temblando más que antes?
La respuesta corta es no necesariamente. La evidencia disponible no demuestra que los grandes terremotos estén aumentando de manera sostenida en el planeta. Lo que sí está creciendo es nuestra capacidad para detectarlos y, sobre todo, la cantidad de personas, edificios e infraestructura expuestos a sus consecuencias.
Es ahí donde aparece una diferencia fundamental: que haya más riesgo de sufrir una catástrofe no significa que la Tierra esté produciendo más terremotos.
¿Cuántos grandes terremotos ocurren normalmente?
Los terremotos forman parte del funcionamiento natural del planeta. La mayoría ocurre debido al movimiento de las placas tectónicas, enormes fragmentos de la corteza terrestre que se desplazan continuamente y acumulan tensiones que eventualmente son liberadas.
Por eso, que ocurran varios terremotos fuertes en un periodo relativamente corto no representa por sí mismo una anomalía.
Además, la percepción de que ahora existen más sismos tiene una explicación tecnológica. La red mundial de instrumentos capaces de detectar movimientos terrestres es mucho más amplia y sensible que hace varias décadas, mientras internet permite conocer casi inmediatamente un terremoto ocurrido al otro lado del planeta.
Un movimiento que hace un siglo podía pasar prácticamente inadvertido fuera de la región donde ocurrió ahora genera alertas, mapas, videos y publicaciones en redes sociales en cuestión de minutos.
Un terremoto de mayor magnitud no siempre es el más mortal
La magnitud tampoco determina por sí sola cuántas víctimas provocará un terremoto. Indonesia ofrece un ejemplo reciente. El terremoto de magnitud 7.7 ocurrido el 15 de agosto en Flores provocó una grave emergencia y miles de desplazamientos. El país se encuentra sobre el llamado Anillo de Fuego del Pacífico y posee una larga historia de grandes desastres sísmicos.
Sin embargo, uno de los terremotos más mortíferos registrados en Indonesia durante la última década tuvo una magnitud considerablemente menor.
En noviembre de 2022, un movimiento de magnitud 5.6 en Cianjur, Java Occidental, provocó 602 muertes y más de 7 mil 800 heridos. Su poca profundidad y la vulnerabilidad de las construcciones contribuyeron a multiplicar las consecuencias.
La comparación demuestra por qué preguntar únicamente por la magnitud puede resultar engañoso. Un terremoto extremadamente potente ocurrido a gran profundidad o lejos de zonas habitadas puede producir daños relativamente limitados. Uno considerablemente menor, pero superficial y localizado debajo de una ciudad vulnerable, puede convertirse en una catástrofe.
Entonces, ¿por qué algunos terremotos son cada vez más destructivos?
Aunque no existe evidencia de que la frecuencia global de los grandes terremotos esté aumentando de manera sostenida, sí existen factores humanos que incrementan el riesgo de desastre: crecimiento demográfico, urbanización acelerada, concentración de infraestructura costosa y expansión de ciudades sobre regiones sísmicamente activas.
La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) advierte que los terremotos representan 25.6% de las pérdidas económicas mundiales provocadas por desastres. Entre 1970 y 2023, los desastres geofísicos acumularon pérdidas estimadas en 1.59 billones de dólares.
Los edificios importan más de lo que parece
Existe una frase utilizada recurrentemente por especialistas en gestión de riesgos: los terremotos no son los que matan; las estructuras que colapsan son responsables de gran parte de las víctimas.
La UNDRR señala que la vulnerabilidad de las construcciones, la aplicación deficiente de reglamentos, la pobreza y la urbanización en zonas de riesgo pueden transformar un fenómeno geológico inevitable en una catástrofe humana.
Entre 1994 y 2024, alrededor de 830 mil personas murieron por terremotos y fenómenos asociados, con la vulnerabilidad física y social como factores centrales de sus consecuencias.
El terremoto de Turquía y Siria de 2023 es uno de los ejemplos más recientes. Más de 50 mil personas murieron en Turquía y otras 8 mil 700 en el noroeste de Siria mientras miles de edificios de varios pisos colapsaron.
México ya comprobó cuánto importa construir mejor
México tiene un ejemplo especialmente revelador en los terremotos de 1985 y 2017. Un análisis de la UNDRR señala que el terremoto de 2017 provocó una mortalidad considerablemente menor que el desastre de 1985, pese al crecimiento y transformación de Ciudad de México durante las décadas transcurridas.
Entre las razones se encuentran los cambios regulatorios y las medidas adoptadas después de 1985. Muchos de los edificios que colapsaron en 2017 habían sido construidos antes de la entrada en vigor de las normas posteriores al terremoto de 1985, mientras otros presentaban deficiencias estructurales o se encontraban sobre suelos particularmente vulnerables.
Es una diferencia crucial: la humanidad todavía no puede impedir ni predecir con precisión cuándo ocurrirá un gran terremoto, pero sí puede modificar drásticamente sus consecuencias.
¿Estamos viendo más terremotos o simplemente sabemos más de ellos?
Ambas cosas suelen confundirse. Hoy existen más sensores, mejores sistemas internacionales de vigilancia y una circulación prácticamente instantánea de información. Por ello conocemos movimientos que décadas atrás difícilmente habrían ocupado titulares internacionales.
También pueden existir periodos con una concentración inusual de terremotos y otros relativamente tranquilos. Las estadísticas deben analizarse durante periodos largos antes de concluir que existe una tendencia.
Lo que sí está documentado es el crecimiento de la exposición. Un estudio publicado este año por investigadores del Servicio Geológico de Estados Unidos calculó que alrededor de 159.2 millones de personas se encuentran en zonas estadounidenses expuestas a niveles muy fuertes de movimiento sísmico según el modelo más reciente, además de 47.3 millones de edificios residenciales y activos inmobiliarios valorados en aproximadamente 25.6 billones de dólares.
