Un molar fosilizado muestra que la región chilena tuvo ambientes con agua dulce y abundante vegetación hace millones de años.
Chile (Marcrix Noticias).- Un diminuto diente fosilizado de casi nueve millones de años está cambiando la imagen que tenemos del desierto de Atacama. El hallazgo corresponde a un antiguo pariente de los capibaras y revela que una zona hoy extremadamente árida de Chile alguna vez tuvo agua dulce permanente y abundante vegetación.
El fósil de capibara en Atacama pertenece al género extinto Cardiatherium y tiene una antigüedad estimada de 8.8 millones de años. Fue encontrado en El Morro, dentro de la Formación Bahía Inglesa, en la costa de la región chilena de Atacama.
Se trata únicamente de un fragmento del tercer molar superior izquierdo, identificado como MPC-3000. Sin embargo, sus características permitieron a los investigadores obtener información sobre el animal y, sobre todo, acerca del ecosistema que habitaba durante el Mioceno tardío.
Un capibara donde hoy casi no hay agua
La presencia de este animal resulta particularmente reveladora debido a la estrecha relación que los hidroquerinos, grupo al que pertenecen los capibaras, mantienen con el agua.
Los investigadores identificaron el fósil como Cardiatherium por la estructura de su molar. Estos animales poseían dientes especializados con numerosas láminas, adaptados al desgaste ocasionado por una dieta herbívora.
El estado fragmentario de la pieza impidió determinar con certeza a qué especie pertenecía.
Los análisis realizados en los estratos geológicos permitieron establecer para el fósil un intervalo de antigüedad de entre 9.6 y 7.9 millones de años, con una edad media calculada en aproximadamente 8.8 millones.
El descubrimiento representa el registro más antiguo conocido de un capibara en Chile y uno de los registros tempranos de este grupo encontrados en Sudamérica.
Atacama tuvo vegetación y agua dulce
El diente no es la única evidencia de que el paisaje de aquella época era radicalmente diferente.
En Cerro Ballena, otra localidad perteneciente a la Formación Bahía Inglesa, los científicos estudiaron fitolitos, pequeñas estructuras minerales producidas por las plantas capaces de conservarse durante millones de años.
De los fitolitos diagnósticos encontrados, 95% correspondió a formas relacionadas con vegetación forestal. Los investigadores identificaron indicadores de palmeras y de plantas pertenecientes al grupo de las Zingiberales, en el que actualmente se encuentran especies como los jengibres.
Estos restos son compatibles con la existencia de un bosque subtropical o una cobertura vegetal similar.
Los análisis de antiguos suelos de la zona también proporcionaron indicios de condiciones considerablemente más húmedas o frescas que las actuales.
La evidencia no significa que todo el desierto de Atacama fuera una gran selva. Sin embargo, apunta a que algunas áreas contaban con ríos, vegetación ribereña y cuerpos permanentes de agua dulce capaces de mantener mamíferos dependientes de ambientes acuáticos.
¿Cómo llegó un capibara hasta la costa chilena?
El fósil plantea además otra pregunta. Los capibaras modernos se encuentran principalmente al este de los Andes, mientras que este ejemplar apareció en la vertiente del Pacífico.
Una posibilidad considerada por los investigadores es que antiguos hidroquerinos atravesaran sectores de los Andes cuando las condiciones ambientales permitían su desplazamiento.
Sin embargo, el estudio plantea como escenario más probable una expansión desde los grandes sistemas húmedos amazónicos por el norte de Sudamérica.
Las poblaciones habrían avanzado progresivamente hacia el sur siguiendo corredores con agua y ambientes costeros adecuados, en lugar de atravesar directamente las zonas más elevadas de la cordillera.
Otros fósiles encontrados en la región, entre ellos peces relacionados con faunas amazónicas, también han aportado indicios de antiguas conexiones entre sistemas hidrográficos ubicados a ambos lados de los Andes.
Así, un fragmento de molar ha terminado convirtiéndose en una ventana hacia un Atacama difícil de reconocer actualmente. Hace unos nueve millones de años, al menos algunas zonas donde hoy domina un paisaje extremadamente árido tuvieron suficiente agua y vegetación para albergar a antiguos parientes de los capibaras.
