Más de 2.4 millones de trabajadoras del hogar continúan laborando en condiciones precarias, mientras especialistas llaman a fortalecer la seguridad social y crear un sistema nacional de cuidados

Economía (Marcrix Noticias).- Las trabajadoras del hogar en México continúan enfrentando condiciones de precariedad laboral, pese a los avances legales registrados en los últimos años. De acuerdo con el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, alrededor de 2.4 millones de mujeres realizan esta actividad en un contexto de desigualdad, por lo que urgió a impulsar políticas públicas que garanticen el acceso a la seguridad social, mejores condiciones laborales y un sistema nacional de cuidados que reduzca las brechas de género.

En el marco del Día Internacional del Trabajo Doméstico, el organismo advirtió que las labores de cuidado siguen recayendo principalmente en las mujeres, lo que limita sus oportunidades de acceder a mejores empleos, continuar sus estudios o mejorar sus ingresos. La investigadora Mónica Orozco Corona explicó que por cada hora de trabajo remunerado es necesaria otra hora de trabajo doméstico y de cuidados dentro de los hogares, una realidad que sostiene el funcionamiento de la economía, pero que pocas veces recibe reconocimiento.

El estudio “Movilidad social y cuidados: un vínculo inseparable” concluye que la distribución desigual de las tareas de cuidado frena el desarrollo de millones de personas. Además de afectar el gasto familiar y restringir el acceso a la educación y al mercado laboral, esta situación perpetúa la pobreza entre quienes nacen en hogares con menos recursos. Según el informe, la mitad de las personas que crecen en familias de bajos ingresos permanece en esa condición durante la vida adulta, mientras que únicamente dos de cada cien logran alcanzar el nivel socioeconómico más alto.

El análisis también revela que quienes dedican gran parte de su tiempo al cuidado de otras personas tienen menos posibilidades de mejorar su calidad de vida. Entre quienes nacieron en hogares con menores ingresos y realizan estas labores, el setenta y tres por ciento permanece en el mismo nivel económico, mientras que solo tres de cada cien consigue ascender al grupo con mayores ingresos. A ello se suma que muchas personas comienzan a asumir responsabilidades de cuidado desde la adolescencia, lo que perpetúa el ciclo de desigualdad.

Otro aspecto que preocupa es el impacto en la salud física y emocional de las personas cuidadoras. La sobrecarga de trabajo, la falta de apoyos institucionales y la ausencia de redes de acompañamiento incrementan los niveles de estrés, ansiedad y agotamiento, además de reducir el tiempo destinado al descanso, la recreación y el autocuidado, especialmente entre quienes atienden a personas adultas mayores.

Aunque en México ya es obligatoria la incorporación de las personas trabajadoras del hogar al Instituto Mexicano del Seguro Social, especialistas consideran que la cobertura aún es insuficiente frente al tamaño del sector. Datos del propio instituto indican que cerca de cincuenta y nueve mil personas trabajadoras del hogar se encuentran afiliadas al esquema de aseguramiento, una cifra todavía muy baja en comparación con los más de dos millones de mujeres que desempeñan esta actividad. Las autoridades federales han reiterado el llamado a las personas empleadoras para cumplir con la obligación de registrarlas y garantizarles acceso a servicios médicos, pensiones y otras prestaciones laborales.

El Centro de Estudios Espinosa Yglesias concluyó que dignificar el trabajo del hogar requiere un cambio cultural acompañado de políticas públicas que reconozcan el derecho de todas las personas a cuidar, recibir cuidados y ejercer el autocuidado. Además, insistió en que fortalecer la seguridad social y construir un sistema nacional de cuidados será fundamental para reducir las desigualdades de género, mejorar la movilidad social y garantizar condiciones laborales más justas para millones de trabajadoras en México.

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