El territorio pasó del dominio español a México y después a Estados Unidos. Antes de convertirse en estado en 1912, enfrentó propuestas para llamarse Jefferson, Lincoln, Montezuma, Acoma e incluso integrarse con Arizona.
Nuevo México (Marcrix Noticias).- Mucho antes de convertirse en uno de los 50 estados de Estados Unidos, Nuevo México ya llevaba un nombre ligado a la historia de España y de México.
El territorio formó parte del imperio español y después quedó integrado a México tras la Independencia de 1821. Su nombre se remonta a la etapa de exploración española, cuando la región fue identificada como “Nuevo México”.
La situación cambió en 1848, al terminar la guerra entre México y Estados Unidos. Con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, Nuevo México pasó a manos estadounidenses junto con otros territorios que anteriormente pertenecían a México.
Sin embargo, su incorporación como estado tardó varias décadas. Durante ese periodo permaneció bajo estatus territorial y no fue reconocido formalmente como estado sino hasta 1912.
En esos años también surgieron distintos intentos por cambiarle el nombre. Entre las propuestas aparecieron Jefferson y Lincoln, además de Montezuma y Acoma, aunque ninguna obtuvo respaldo suficiente en el Congreso.
También se consideraron opciones como Salado y Cordillera, relacionadas con la geografía y el pasado español del territorio, pero tampoco prosperaron.
Uno de los proyectos más importantes ocurrió en 1906, cuando se planteó unir Nuevo México con Arizona para crear un solo estado. La propuesta permaneció varios años sobre la mesa, pero encontró rechazo entre habitantes de ambos territorios.
Con el paso del tiempo, la falta de consenso para adoptar otro nombre y el fracaso de la unión con Arizona terminaron por consolidar la denominación de Nuevo México, que se mantiene hasta hoy.
