Luego de que un tribunal italiano absolvió a dos esgrimistas de haberla abusado sexualmente, la esgrimista mexicana Fernanda Herrera —quien compite por Uzbekistán— reveló su identidad para anunciar que apelará el fallo y no se detendrá.

Luego de que un tribunal italiano absolvió a dos esgrimistas de haberla abusado sexualmente, la esgrimista mexicana Fernanda Herrera —quien compite por Uzbekistán— reveló su identidad para anunciar que apelará el fallo y no se detendrá.

Los hechos ocurrieron en agosto 2023 cuando Herrera denunció penalmente a tres integrantes de la selección italiana de esgrima de haberla violentado sexualmente en grupo en agosto de 2023 durante una competencia, a pesar de lo cual la Federación Internacional permitió durante todo este tiempo que los presuntos agresores siguieran participando en competencias donde la sobreviviente tuvo que convivir con ellos.

En 2023, Herrera era una menor de edad cuyos resultados deportivos le permitieron pelear por calificar a los Juegos Olímpicos de París 2024, pero su sueño se vio truncado porque a pesar de que la policía clasificó el caso como un Código Rojo, la Fiscalía de Siena no solicitó ninguna medida cautelar para que los acusados no se le acercaran. 

“Así que la pesadilla nunca termina”, declaró Herrera en 2023 diario italiano Il Messaggero.

Lo tres deportistas italianos son mayores de edad. Se trata de los sablistas Emanuele Nardella, Jacobo Pucci y Marco Mastrullo.

En 2023 la reportera Franca Giandolsati de Il Messagero publicó la historia de lo ocurrido preservando la identidad de Fernanda Herrera:

“La llamaremos Rosa, pero ese no es su nombre real. El verano pasado participó en el Campeonato del Mundo que le proporcionó puntos importantes para la clasificación para los Juegos Olímpicos de París. Pero fue en Italia donde la alegría de vivir y competir de Rosa cayó en un abismo sin fin, en la pesadilla de la violencia sexual de las pandillas. Una violación brutal, organizada por tres deportistas que se convirtieron en bestias. Todo ocurre la noche del 4 al 5 de agosto en Chianciano Terme, donde la joven está de retiro junto con los atletas de la Federación Italiana de Esgrima. Hombres y mujeres juntos. Una mañana Rosa se despierta atontada, sin poder hablar, llena de dolores por todas partes, con moretones y heridas en las piernas. Está tan atónita que ya no recuerda nada. La oscuridad. 

“En la habitación con ella todavía hay tres chicos, todos ellos deportistas de la selección juvenil italiana. Uno está acostado sobre ella, otro se está vistiendo, el tercero duerme a su lado, desnudo. Los dos primeros hacen chistes sexuales explícitos y ríen a carcajadas. Rosa logra levantarse con dificultad con un dolor indescriptible, cada movimiento es un dolor intenso. Reúne fuerzas y logra arrastrarse hasta su habitación, donde se desploma. El último recuerdo que aún hoy queda es el bar situado frente al alojamiento de los deportistas. La noche anterior habían ido todos a celebrar. Recuerda haber bebido una cerveza y dos tragos, luego de ese momento no hay nada. Ella comprende lo que le pasó en un instante. La angustia se mezcla con la ira y la desesperación. Rosa llama a su madre llorando. Apenas puede hablar, los sollozos le quiebran la voz. La madre corre a Chianciano para llevar a su hija a urgencias y denunciar la violación. La lleva al hospital de Frascati, que, sin embargo, no atiende a la víctima porque es menor de edad y la envía al Bambino Gesù de Roma, donde recibe el primer tratamiento.

“Dos días después, sin embargo, Rosa sigue muy enferma, esta vez su madre la lleva a San Giovanni, donde un médico la visita por segunda vez y, ante la historia, le administra la pastilla del día después. Rosa todavía tiene hematomas y traumas generalizados. El 9 de agosto, su madre acompaña a Rosa a la comisaría de San Vitale y le cuenta toda la pesadilla. Hasta el más mínimo detalle.

“Esto es un Código Rojo, tiene prioridad sobre todo”, aseguran los policías presentes, asistidos también por un psicólogo. 
“Desde hace meses, Rosa se ve obligada a competir con el riesgo de encontrarse frente a los sospechosos: ‘más sufrimiento y humillaciones inaceptables’. Victimización secundaria, en definitiva.

En un memorandum a la Fiscalía, el abogado ya denunció este riesgo en octubre. Rosa, abrumada por el dolor, todavía en shock, ya ha tenido que perderse algunas competencias con efectos negativos en sus resultados deportivos y en su futuro. La madre no puede descansar: ‘Mi hija ha cambiado, si antes sonreía a la vida, ahora está triste y tengo mucho miedo por ella’”.

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