Hormonas, identidad grupal y expresión emocional explican por qué una victoria puede terminar en lágrimas.
Ciudad de México (Marcrix Noticias).- Si los hombres lloran viendo el futbol es porque incorporan emocionalmente los triunfos de su equipo como si fueran logros personales. Eso se debe a un fenómeno que el psicólogo Robert Cialdini denominó Basking in Reflected Glory, o disfrutar la gloria reflejada. De ahí que tras un campeonato sean tan comunes expresiones como “ganamos” o “somos campeones” entre quienes no pisaron el campo.
En México, el fenómeno tiene una escala particular. Una encuesta nacional realizada de cara al Mundial encontró que seis de cada diez mexicanos se identifican como aficionados al futbol, un deporte que en muchos hogares se transmite de generación en generación como parte de la identidad familiar.
Cuando una persona organiza su rutina durante años alrededor de partidos, sufre derrotas y celebra victorias, el equipo deja de ser un referente externo y se convierte en una extensión de su propia identidad. Un estudio de YouGov sobre aficionados de la Liga MX encontró que muchos asocian su afición con recuerdos de infancia o con vínculos familiares directos.
Cambios físicos reales durante el partido
La conexión entre hombres y futbol también ocurre en el plano biológico. Una investigación publicada en 1998 midió los niveles hormonales de aficionados masculinos durante encuentros mundialistas y encontró que las victorias generaban aumentos significativos de testosterona entre los fanáticos, como si sus cuerpos hubieran competido directamente.
Esto explicaría por qué el futbol puede sentirse visceral. El cerebro interpreta parte de la experiencia colectiva como un conflicto grupal donde intervienen el orgullo, la pertenencia y la validación emocional. Cuando esa tensión acumulada se libera con un gol o un campeonato, el llanto aparece como respuesta natural.
Llorar de alegría tiene respaldo científico
El investigador neerlandés Ad Vingerhoets, uno de los principales especialistas mundiales en el estudio del llanto humano, sostiene que las lágrimas emocionales surgen cuando una experiencia supera la capacidad inmediata del cerebro para procesarla. En el contexto deportivo, años de frustraciones y expectativas acumuladas pueden convertir un campeonato en una descarga emocional de gran magnitud, lo que explica por qué muchos aficionados lloran incluso antes del silbatazo final.
Además, los sociólogos Norbert Elias y Eric Dunning plantearon que el deporte moderno funciona como una zona emocional controlada, un espacio donde las sociedades permiten liberar sentimientos que en la vida cotidiana permanecen contenidos. Para muchos hombres que crecieron bajo normas culturales que asocian la expresión emocional con debilidad, el estadio representa uno de los pocos entornos donde llorar o quebrarse no genera juicio social.
Rodeados de miles de personas viviendo la misma tensión, la expresión emocional deja de sentirse fuera de lugar. El futbol se convierte así en un canal para emociones que en otros contextos permanecen guardadas, lo que podría explicar por qué las lágrimas en el deporte suelen percibirse como especialmente auténticas.
