A pesar de contar con estudios profesionales y tener controlada su condición médica, Osvaldo Pacheco enfrenta constantes rechazos laborales debido a la epilepsia.
Cancún (Marcrix Noticias)-Aunque cuenta con formación en contaduría, diseño y pedagogía, Osvaldo Pacheco lleva tres años sobreviviendo con empleos temporales y sin estabilidad económica. La razón, asegura, no es la falta de preparación ni de experiencia, sino una condición de salud que continúa siendo motivo de discriminación en el ámbito laboral: las crisis de ausencia, una variante de la epilepsia.
Residente de Cancún, Osvaldo considera que su situación no es un caso aislado, sino el reflejo de una realidad que enfrentan muchas personas con padecimientos poco comprendidos. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el 20.1 por ciento de la población de 18 años y más en Quintana Roo ha reportado haber sido víctima de discriminación por distintos motivos.
A nivel nacional, se estima que más de dos millones de personas viven con epilepsia, una condición que continúa rodeada de estigmas y prejuicios que limitan el acceso a oportunidades educativas, sociales y laborales.
Osvaldo explicó que sus crisis de ausencia consisten en episodios breves durante los cuales pierde completamente la conciencia, aun cuando aparentemente continúa realizando actividades cotidianas.
“La persona está consciente caminando, trabajando o realizando cualquier actividad del día y pierde la conciencia por más de 30 segundos. Se pierde la conciencia por completo y después vuelve a conectarse”, relató.
Su diagnóstico es de origen idiopático, término médico que indica que no existe una causa específica identificada para la enfermedad. Gracias al tratamiento especializado que recibió en el Hospital General, sus crisis se encuentran controladas. Sin embargo, el verdadero desafío aparece cuando intenta incorporarse al mercado laboral.
Según relata, el periodo más largo que ha permanecido en un empleo ha sido de dos años y, en la mayoría de los casos, bajo esquemas informales sin acceso a prestaciones de ley.
Pacheco destacó que las instituciones públicas le han brindado apoyo a través de programas de vinculación laboral, pero aseguró que el rechazo suele producirse una vez que los empleadores conocen su condición médica.
“Me han apoyado mucho en las instancias de gobierno, sobre todo en la Dirección Municipal de Vinculación Laboral. Pero cuando llegamos a la empresa y se enteran del tema, me sacan de inmediato”, afirmó.
Incluso recordó experiencias en empresas que promueven públicamente políticas de inclusión y responsabilidad social, pero que, según su testimonio, no han mantenido esa postura al momento de contratar personal con condiciones médicas como la suya.
Especialistas y organizaciones dedicadas al tema han advertido que gran parte de la exclusión que enfrentan las personas con epilepsia se debe a la desinformación y a los mitos que rodean la enfermedad. La Asociación Mexicana de Epilepsia en Niños y Adultos ha señalado que la falta de capacitación en centros educativos y espacios de trabajo contribuye a perpetuar prácticas discriminatorias.
Además, al no estar catalogada formalmente como una discapacidad y tampoco representar un riesgo para terceros cuando está controlada, la epilepsia suele quedar en una zona gris que facilita la exclusión laboral sin consecuencias para quienes la ejercen.
Ante esta situación, Osvaldo hace un llamado al sector empresarial para que las oportunidades laborales se basen en las capacidades y no en los prejuicios.
“Lo que busco es un trabajo que me permita seguir desarrollando alguna de las carreras que tengo. Una oportunidad laboral estable. Que las empresas no cierren las puertas y sean más inclusivas de lo que se menciona”, concluyó.
