La entrega ocurre incluso dentro de planteles educativos.

 

México (Marcrix Noticias)-El consumo y distribución de drogas entre estudiantes del nivel medio superior de la UNAM ha escalado a un nivel alarmante. Plataformas como Instagram, Facebook y WhatsApp se han convertido en canales habituales para el acceso a sustancias como marihuana, LSD, wax y pastillas de éxtasis (MDMA).

Un caso ejemplar es el de “Lucía”, una alumna de 14 años que compró éxtasis por Instagram y se desvaneció en plena clase tras ingerir la droga. Como ella, decenas de estudiantes pueden estar expuestos a estos riesgos diariamente.

Docentes y personal administrativo de planteles como el CCH Sur han denunciado que los puntos de libre acceso, como los conocidos “cubos”, se han vuelto zonas de consumo habitual de marihuana. Además, se han documentado casos de intoxicación dentro del aula, generando preocupación entre padres y autoridades.

Grupos cerrados de WhatsApp y perfiles en Facebook promueven la venta de drogas con mensajes que destacan la “potencia” de los productos y ofrecen entregas directamente en las puertas de los salones, lo que sugiere una operación bien organizada y discreta.

Según un reporte de Addiction Center (mayo de 2025), el 75% de los adolescentes que ven contenido en redes sociales relacionado con el consumo de sustancias tiende a normalizar ese comportamiento, lo cual amplifica la percepción de que consumir drogas es algo aceptado o incluso deseable.

A pesar de la existencia de la línea de reacción anónima Puma (55 56 22 64 64), promovida por la UNAM para denunciar de manera segura, muchos padres y docentes se abstienen de hacerlo por temor a represalias. Algunos reportes advierten que los vendedores podrían estar accediendo a los planteles con credenciales falsas, lo que complica el control de acceso y la intervención oportuna.

Este fenómeno plantea un reto urgente de seguridad, salud pública y contención comunitaria. La solución exige una estrategia integral entre la UNAM, autoridades de seguridad, plataformas digitales y padres de familia. La educación preventiva, la intervención temprana y la vigilancia de redes sociales son clave para frenar esta tendencia.

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