Cientos de migrantes detenidos en Nueva Jersey exigen libertad entre denuncias de tratos degradantes y encadenamiento de mujeres gestantes.Cientos de migrantes detenidos en Nueva Jersey exigen libertad entre denuncias de tratos degradantes y encadenamiento de mujeres gestantes. Foto: El Pais
Cientos de migrantes detenidos en Nueva Jersey exigen libertad entre denuncias de tratos degradantes y encadenamiento de mujeres gestantes.


Internacional (Marcrix Noticias) – Cientos de personas migrantes recluidas en el centro Delaney Hall, en Newark, Nueva Jersey, llevan días en huelga de hambre. Su mensaje central no es pedir mejoras internas. Es exigir libertad. En medio de este conflicto, organizaciones de derechos humanos denuncian que la detención de migrantes en Estados Unidos ha alcanzado niveles de crueldad documentada, incluido el encadenamiento de mujeres embarazadas.

Una protesta que va más allá de las condiciones

Entre 300 y 400 personas detenidas se sumaron al paro, según activistas y familiares. La activista Laura Gómez explicó que los internos reclaman “comida digna, atención médica, ventilación, avances en sus casos y libertad”. Pero el trasfondo va más lejos. Según Gómez, los propios detenidos dejaron claro que su protesta “no es para exigir mejor trato, sino para exigir libertad”. Esa declaración convierte la huelga en una acusación política contra un sistema que encierra a personas sin condena penal.

Una carta firmada por cerca de 300 detenidos, más de 50 de ellas mujeres, reveló el estado emocional de quienes están adentro. Escribieron que se sienten “vulnerables y, en cierto modo, secuestrados”. También expresaron miedo de comparecer ante los tribunales migratorios, que ya no perciben como espacios de defensa sino como puertas hacia traslados o deportaciones.

El encadenamiento de mujeres gestantes, el punto más grave

La detención de migrantes en Estados Unidos llegó a su momento más crítico con las denuncias sobre mujeres embarazadas. Organizaciones como la ACLU reportaron que gestantes fueron esposadas, aisladas y privadas de vitaminas prenatales, agua suficiente y atención obstétrica básica. Mujeres con embarazos de alto riesgo fueron trasladadas durante horas sin cuidados médicos adecuados. Hubo casos de abortos espontáneos y madres lactantes sin acceso oportuno a sacaleches.

Diana Mogollón, una de las mujeres entrevistadas por medios externos, relató que solo les permitían bañarse cada cinco días. Dijo que durante la menstruación “tienes que pelear para que te saquen, para decir que tu ropa interior está manchada”. La ACLU resumió la lógica del sistema con una sola frase: “La crueldad es el punto”.

Las familias, la voz desde afuera

Gabriela, esposa de Martín Soto —identificado como uno de los organizadores de la huelga—, aseguró que todos los detenidos son “personas inocentes, la gran mayoría sin antecedentes penales”. Relató que vio a su esposo golpear la ventana de una camioneta gritando su nombre mientras era trasladado. Afuera del centro, familiares y activistas fueron rociados con agentes químicos y empujados por agentes federales.

Legisladores divididos, gobierno en negación

Congresistas demócratas que visitaron las instalaciones señalaron porciones pequeñas y comida contaminada. El representante Adriano Espaillat calificó las condiciones de “inhumanas” y prometió cerrar el centro. Dan Goldman afirmó que ningún estadounidense debería apoyar lo que ocurre ahí.

Por su parte, el secretario de Seguridad Nacional Markwayne Mullin restó importancia a las denuncias. El gobierno negó la existencia de una huelga de hambre y aseguró que los internos reciben atención médica, comida, ropa y acceso a abogados. El presidente Donald Trump defendió el centro como parte de “las mejores instalaciones” de ese tipo.

Una encuesta del Pew Research Center indica que el 64% de los estadounidenses se opone a mantener a grandes cantidades de inmigrantes en centros de detención mientras se resuelven sus casos. Para la activista Gómez, el problema de fondo es claro: “Las detenciones migratorias se presentan como un trámite administrativo, pero se viven como un castigo”.

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