Excompañeros del atacante revelan que desde la preparatoria mostraba odio, violencia y admiración por la masacre de Columbine.
Nacional (Marcrix Noticias) – El tirador de Teotihuacán no llegó al crimen de la noche a la mañana. Quienes lo conocieron en la preparatoria Simón Bolívar, en Acapulco, Guerrero, describen a un joven que ya cargaba con un perfil violento, racista y lleno de odio desde sus años escolares.
Julio César Jasso Ramírez tenía 27 años cuando perpetró el ataque en la Zona Arqueológica de Teotihuacán. Sus excompañeros de clases recuerdan señales que hoy, en retrospectiva, resultan imposibles de ignorar.
Un alumno que nadie quería cerca
Luis, excompañero de Jasso en la preparatoria, lo describió como una persona solitaria y aislada del grupo. Contó que el joven repetía constantemente que la vida era injusta y que evitaba relacionarse con los demás estudiantes.
Ambos llegaron a ser cercanos por un tiempo. Sin embargo, al terminar el ciclo escolar, Julio César abandonó la institución. Fue entonces cuando comenzó a hostigar a sus excompañeros desde cuentas falsas en Facebook. Les enviaba mensajes para recriminarles algo o videos de odio dirigidos especialmente contra compañeras.
Se creía superior a todos
Luis también reveló que el tirador de Teotihuacán se autoproclamaba un “ser supremo”. Escribía en ocasiones simulando ser español, hablaba de su supuesto vínculo con la masonería y administraba una página web con sede en Rusia.
En sus mensajes pedía que le dijeran a sus excompañeros que era un “hombre exitoso”. Expresaba abiertamente su admiración por los autores de la masacre de Columbine y los llamaba sus “dioses”. Soñaba con visitar la calle donde vivían los responsables de ese ataque en Colorado, Estados Unidos.
También se refería a Acapulco como “la ciudad del pecado” y afirmaba que la destruiría.
Atacó con tijeras a una compañera
Una excompañera aportó otro testimonio que retrata la violencia física que Jasso ya ejercía en las aulas. Contó que en una ocasión la atacó con unas tijeras luego de reprobar una materia.
“Me empezó a golpear e insultar. Se creía un nazi”, declaró la joven. Señaló que desde aquellos años, el tirador de Teotihuacán expresaba odio hacia los extranjeros y hablaba abiertamente de querer hacerles daño.
Otro testimonio recogido por medios lo describió como racista, iracundo y con actitudes que incomodaban a profesores y alumnos por igual. Usaba símbolos nazis y desafiaba constantemente la autoridad dentro del salón.
Señales que quedaron sin respuesta
Los alumnos, alarmados por su comportamiento, pidieron a sus padres intervenir para separarlo del grupo. La respuesta institucional nunca llegó. Eventualmente, Jasso dejó el plantel, pero la impresión de violencia quedó marcada en quienes lo conocieron.
El caso del tirador de Teotihuacán abre un debate urgente. Las alertas existieron desde temprano. Nadie las escaló a tiempo ante las autoridades correspondientes.
Las investigaciones continúan en el Estado de México. Cuatro personas permanecen hospitalizadas como consecuencia del tiroteo en la zona arqueológica.
