Cargamento de buches de totoaba incautadoCargamento de buches de totoaba incautado Foto: Profepa
Cárteles mexicanos intercambian buche de totoaba con redes criminales chinas a cambio de precursores para fentanilo.

 


Nacional (Marcrix Noticias) – El buche de totoaba se convirtió en la moneda de cambio de una alianza criminal sin precedentes. Cárteles mexicanos y mafias chinas operan una red de tráfico que cruza océanos, fronteras y regulaciones internacionales. El acuerdo es directo: especies protegidas del Golfo de California a cambio de precursores químicos para producir fentanilo.

Una especie endémica en manos del crimen

La totoaba (Totoaba macdonaldi) es un pez endémico del Mar de Cortés. Está en veda desde 1974 y figura en el Apéndice I de la CITES. Puede medir hasta dos metros y pesar 150 kilos. Lo que la hace codiciada en Asia es su vejiga natatoria, conocida como “buche”. En los mercados negros de Guangdong y Hong Kong, un kilogramo puede superar los 60.000 dólares. La creencia popular en Asia atribuye al buche propiedades medicinales y afrodisiacas. Eso impulsa una demanda que ninguna restricción legal ha podido frenar.

Cómo opera el tráfico del buche de totoaba

La cadena comienza en el Alto Golfo de California. Pescadores locales capturan ilegalmente la totoaba con redes de enmalle. Extraen el buche en alta mar y arrojan el cuerpo al agua. Luego entregan el producto a operadores en tierra, quienes pagan hasta 5.000 dólares por kilogramo.

Desde San Felipe, Santa Clara y Puerto Peñasco, los buches son trasladados a Tijuana, Ensenada y Mexicali. Allí, comerciantes chinos los secan, procesan y contrabandean hacia Asia vía Hong Kong, Corea del Sur, Japón y Taiwán.

La Dra. Vanda Felbab-Brown, experta en crimen organizado, calificó este esquema como una forma “muy imaginativa” de operar. Según ella, el trueque entre especies protegidas y precursores químicos anula los controles tradicionales de lavado de dinero.

Los operadores detrás del negocio

Investigaciones del Earth League International (EAL) identificaron a dos figuras clave. El primero es conocido como “M11”, un operador vinculado al Cártel de Tijuana. Controla rutas desde San Felipe y usa las mismas vías del narcotráfico para mover los buches.

El segundo es “P9”, un empresario de origen chino radicado en México. Financia a los cazadores furtivos, paga a las mulas de transporte y conecta toda la red con Asia. Opera en Tijuana y Ensenada dentro de un círculo conocido como los “ancianos chinos”, que mezcla negocios legales e ilegales.

“Si derrotas a los comerciantes chinos de totoaba en México, toda la cadena de suministro colapsará”, señaló Andrea Crosta, directora de EAL.

La vaquita marina, la víctima que nadie ve

La pesca ilegal del buche de totoaba no destruye solo a esa especie. Las redes de enmalle también atrapan a la vaquita marina, el mamífero acuático más amenazado del planeta. Se estima que quedan entre 10 y 13 ejemplares en el Alto Golfo de California.

México ha implementado medidas exigidas por la CITES. Sin embargo, los pescadores furtivos adaptan sus métodos constantemente. La presión sobre el ecosistema no cede.

Un crimen que se moderniza

Las redes criminales también evolucionan. El pago con criptomonedas y aplicaciones encriptadas como WeChat dificulta el rastreo financiero. El llamado Cártel del Dragón, que agrupa operadores locales y financiadores asiáticos, ha desplazado sus puntos de embarque hacia zonas más remotas de Baja California y Sonora. Mientras la demanda asiática por el buche de totoaba siga activa, el Alto Golfo continuará siendo escenario de un conflicto entre biodiversidad y crimen organizado.

 

Con información de Milenio

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