Investigación identifica cambios cerebrales y sanguíneos antes de la aparición de los síntomas clínicos.
Ciudad de México (Marcrix Noticias).- Los cambios biológicos relacionados con el inicio del Alzheimer podrían presentarse desde finales de la quinta década de vida, mucho antes de que aparezcan los primeros problemas de memoria, de acuerdo con una investigación realizada por especialistas de Mayo Clinic y publicada en Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association.
Aunque la enfermedad suele diagnosticarse después de los 65 años, los investigadores encontraron que diversos biomarcadores comienzan a modificarse décadas antes de que el deterioro cognitivo sea evidente, lo que abre la posibilidad de fortalecer las estrategias de detección temprana.
Biomarcadores muestran cambios antes de los síntomas
El estudio analizó biomarcadores en sangre, pruebas cognitivas y estudios de neuroimagen para determinar en qué momento comienzan a acelerarse los cambios asociados con la enfermedad.
Los resultados indican que el rendimiento cognitivo empieza a disminuir desde finales de los 50 años, mientras que la acumulación de placas de beta-amiloide suele incrementarse alrededor de los 60 años.
El investigador Mingzhao Hu, profesor adjunto del Departamento de Ciencias Cuantitativas de la Salud de Mayo Clinic y primer autor del estudio, explicó:
“Este estudio poblacional proporciona una visión integrada de los patrones relacionados con la edad en múltiples biomarcadores del Alzheimer medidos en sangre y también mediante imágenes, además de la cognición. Al estimar las edades en las que los cambios en los marcadores de salud se hacen más evidentes, los resultados muestran que muchos de estos cambios tienden a producirse desde finales de los 50 hasta principios de los 70 años.”
Los investigadores identificaron dos etapas relevantes durante el envejecimiento. La primera ocurre alrededor de los 60 años, cuando aumentan los cambios cognitivos y la acumulación de beta-amiloide. La segunda aparece entre los 68 y 72 años, periodo en el que biomarcadores sanguíneos como GFAP, NfL y p-tau muestran incrementos importantes junto con una mayor atrofia cerebral.
La enfermedad puede desarrollarse antes del diagnóstico
El Alzheimer es un trastorno cerebral progresivo que afecta la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas.
Especialistas señalan que las alteraciones en proteínas como la beta-amiloide y la tau pueden comenzar muchos años antes de que aparezcan los síntomas clínicos.
Además, existe una variante conocida como Alzheimer de inicio temprano, que aparece antes de los 65 años y representa entre el 5 y el 10 por ciento de los casos. En algunos pacientes tiene origen hereditario asociado con mutaciones genéticas específicas, aunque también puede presentarse sin antecedentes familiares.
Los investigadores precisaron que los hallazgos describen tendencias observadas en la población y no permiten predecir con exactitud cuándo una persona desarrollará la enfermedad.
El neurólogo Jonathan Graff-Radford, autor sénior del estudio, afirmó:
“A medida que la investigación sobre el Alzheimer se orienta hacia la prevención y el tratamiento precoz, los biomarcadores en sangre desempeñarán un papel central para identificar qué personas son las más adecuadas para estas terapias.”
Hábitos saludables ayudan a reducir riesgos
La Organización Mundial de la Salud estima que más de 57 millones de personas viven con demencia en el mundo y entre el 60 y el 70 por ciento de los casos corresponden al Alzheimer.
Entre los factores asociados con un mayor riesgo se encuentran hipertensión arterial, diabetes tipo 2, colesterol elevado, obesidad, sedentarismo, tabaquismo, enfermedades cardiovasculares, traumatismos craneales repetidos y antecedentes familiares.
Los especialistas recomiendan mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física de manera constante, controlar la presión arterial, conservar una vida social activa y estimular las funciones cognitivas. No obstante, aclaran que ningún hábito garantiza por sí solo la prevención de la enfermedad.
También destacan que una evaluación médica temprana permite descartar otras enfermedades que pueden provocar deterioro cognitivo y facilita el acceso oportuno a tratamientos y programas de rehabilitación cuando el diagnóstico se confirma.
