La pobreza en Irán obliga a afganos a regresar a su país de origen y al régimen Talibán

La guerra y una inflación cercana al 90% empujan a familias enteras a regresar a Afganistán pese a las restricciones sobre mujeres y niñas.

Islam Qala, Afganistán (Marcrix Noticias).- Miles de afganos regresan de Irán empujados por una crisis económica que ha pulverizado sus ahorros y reducido sus oportunidades de trabajo, aun cuando volver implica quedar nuevamente bajo las estrictas reglas del Talibán.

Durante décadas, Irán representó para muchas familias afganas una alternativa frente a la pobreza y, en distintos momentos, frente al control talibán. Esa posibilidad comenzó a desmoronarse con el impacto de la guerra, el endurecimiento de sanciones y una inflación que ha golpeado especialmente el precio de los alimentos.

Según datos del Centro Estadístico de Irán citados por Reuters, los precios al consumidor aumentaron cerca de 90% en términos anuales, mientras que la inflación de alimentos llegó a casi 130%.

Regresan casi sin ahorros

El deterioro económico ha obligado a muchos migrantes a abandonar años de trabajo y regresar prácticamente sin recursos.

Encuestas de la Organización Internacional para las Migraciones revelan que apenas 29% de los afganos que volvieron recientemente desde Irán conservaban algún ahorro, mientras que sus ingresos promedio habían caído casi una tercera parte respecto de los niveles previos a la crisis.

Mohammad Saeed tenía 18 años cuando huyó de Afganistán con sus padres y hermanos tras el regreso del Talibán al poder en 2021.

Cinco años después, la familia volvió porque sus ahorros, guardados en riales iraníes, perdieron más de dos terceras partes de su valor.

La familia había logrado construir un pequeño negocio dedicado a producir queso para pizzas, pero el aumento de precios y la dificultad para conseguir insumos terminaron por volver inviable la operación.

Mujeres y niñas enfrentan el regreso más difícil

La nueva ola migratoria incluye cada vez más mujeres, niñas y familias completas. Para ellas, el regreso supone enfrentar nuevamente restricciones sobre educación, empleo, movilidad y vida cotidiana.

El Talibán limita los desplazamientos de mujeres sin acompañamiento masculino y mantiene prohibiciones que impiden a niñas continuar sus estudios después del sexto grado, además de cerrarles el acceso a la universidad.

La situación coloca a muchas familias ante una decisión extrema: permanecer en Irán sin ingresos suficientes para cubrir alimentos y vivienda o regresar a Afganistán, donde las oportunidades para mujeres y niñas son todavía más limitadas.

Una adolescente sueña con ser diseñadora

Setayesh, de 15 años, regresó con su familia después de vivir en Irán y ahora pasa sus días en Afganistán sin poder continuar con normalidad sus estudios.

La adolescente quiere convertirse en diseñadora de modas y asegura que extraña la vida que dejó atrás. “Si pudiera, regresaría”, dijo a Reuters. “Por mi educación, por mis amigos”.

Su familia había vivido durante décadas en Irán y logró construir una vida relativamente estable hasta que la guerra golpeó la zona donde residían y el trabajo comenzó a desaparecer.

Ahora sobreviven en una vivienda de adobe, con recursos limitados y energía obtenida únicamente mediante paneles solares.

Más de dos millones han salido de Irán

Más de 2 millones de afganos han abandonado Irán en los últimos dos años, de acuerdo con datos de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados.

Una parte importante fue deportada o presionada para salir por autoridades iraníes, pero la crisis reciente está generando un aumento de retornos considerados voluntarios.

En el paso fronterizo de Islam Qala, entre Irán y Afganistán, autoridades talibanes calculan que entre 20 y 40 familias regresan cada día por decisión propia. Muchos llegan sin salarios cobrados, sin ahorros y con pocas pertenencias.

Volver tampoco garantiza estabilidad

Para quienes regresan, el retorno no representa necesariamente una solución. Abdul Jabbar, de 44 años, pasó casi cuatro décadas en Irán. Tenía trabajo, vivienda y una vida relativamente cómoda antes de que la guerra y la falta de empleo obligaran a su familia a regresar.

Dos meses después de volver a Afganistán, continúa desempleado y depende de préstamos y ayuda de familiares.

Su historia resume el dilema que enfrentan miles de personas: abandonar un país donde ya no pueden sostenerse para regresar a otro donde las oportunidades económicas son limitadas y las restricciones sociales siguen siendo profundas.

Mientras los afganos regresan de Irán, la frontera de Islam Qala se ha convertido en el escenario de una nueva crisis migratoria marcada no sólo por la guerra, sino por familias que vuelven sin dinero y con pocas certezas sobre cómo reconstruir su vida.

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