La caída en las reservas de gas impulsa el debate sobre nuevas técnicas mientras crecen preocupaciones ambientales y económicas.
Ciudad de México.– El tema del fracking volvió al centro del debate público en México, tras un cambio en la política energética federal, en medio de la caída del 70 por ciento en las reservas probadas de gas natural.
De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), esta reducción ha generado presión para considerar nuevas técnicas de extracción en yacimientos no convencionales, lo que ha reactivado la discusión sobre la fracturación hidráulica.
Qué implica la técnica
El fracking consiste en la inyección de agua, arena y químicos a alta presión para fracturar rocas de baja permeabilidad y liberar hidrocarburos que no fluyen de manera natural hacia los pozos.
A diferencia de los métodos convencionales, esta técnica permite acceder a reservas que de otro modo no serían explotables, lo que la convierte en una alternativa ante la disminución de recursos disponibles.
Entre las principales críticas se encuentran los posibles impactos ambientales, como la contaminación de acuíferos, el alto consumo de agua y las emisiones de metano.
Especialistas señalan que para mitigar estos riesgos se requieren revestimientos adecuados en los pozos, tratamiento de aguas y sistemas de monitoreo de fugas.
Contexto energético y económico
La reducción de reservas en México ha sido significativa al pasar de 41.38 billones de pies cúbicos en 2001 a 12.29 en 2024, lo que ha derivado en una menor producción nacional.
En paralelo, el país ha incrementado sus importaciones de gas natural, principalmente desde Estados Unidos, que actualmente es el mayor productor mundial tras el desarrollo de yacimientos no convencionales.
El gobierno federal, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha defendido el uso de nuevas tecnologías de extracción con menor impacto ambiental, al señalar que pueden fortalecer la soberanía energética.
“Son nuevas tecnologías de explotación con menores impactos ambientales que nos abren la posibilidad de utilizar ese gas”, expresó.
No obstante, el debate continúa abierto debido a los retos económicos, ya que la rentabilidad de estos proyectos dependerá de su escala y de los costos de producción frente a mercados internacionales.
