Señalan groserías por parte del vocero de la Diócesis de Cancún-Chetumal, acciones que han empañado la relación entre el líder de la iglesia y los comunicadores.
Cancún (Marcrix Noticias).– Empujones, bloqueos y un ambiente de hostilidad marcaron el inicio del ministerio del nuevo obispo de la Diócesis de Cancún-Chetumal, Salvador González, tras revelarse el cuestionable actuar del padre Freddy Ku, vocero de la Diócesis de Cancún-Chetumal.
Lo que debía ser una transición solemne y de apertura se transformó en un escenario de confrontación, donde la labor informativa fue obstaculizada mediante tratos indignos hacia los comunicadores que intentaban dar cobertura a la Toma de Posesión del jerarca católico.
Durante un desayuno convocado recientemente para supuestamente estrechar lazos, la tensión estalló cuando los periodistas denunciaron que se intentó aplicar un nuevo bloqueo informativo.
La consigna era clara; prohibido cuestionar al obispo sobre su plan de trabajo, limitando el encuentro a una “convivencia” vacía. Este intento de amordazar a la prensa desató una lluvia de quejas, evidenciando que la estrategia de comunicación actual busca filtrar la realidad en lugar de transparentarla.
Uno de los testimonios más crudos fue el de la periodista María Cristina de la Cruz, directora de Marcrix Noticias, quien relató la humillación sufrida el pasado 27 de febrero durante la Toma de Posesión de Monseñor Salvador González, en el Centro de Convenciones.
La comunicadora fue expulsada del recinto simplemente por intentar cumplir con su deber de informar, en un evento donde el espacio asignado a la prensa era totalmente inadecuado, impidiendo cualquier registro visual digno de la llegada de la máxima autoridad eclesiástica en Quintana Roo.

La relevancia del evento no era menor, pues contaba con la presencia de la alta jerarquía católica de México, lo que acentuó la indignación de los reporteros ante el trato de “segunda” recibido.
Freddy Ku ordenó que la periodista, María Cristina, fuera sacada del Centro de Convenciones, además de que le impidió tomar fotografías y videos.
A las quejas se suman que los periodistas estuvieron encerrados en un corral por casi 4 horas en donde no se les permitía sentarse, pese a que había lugares vacíos y si llegaban a hacerlo, la presión y las miradas hacia los comunicadores eran evidentes.
Al igual que los empujones y jaloneos durante la llegada del nuevo obispo a la Catedral de Cancún en contra de la comunicadora, se sumaron a la serie de maltratos y groserías de las que fue víctima por parte de Freddy Ku, vocero de la Diócesis de Cancún-Chetumal.
De igual forma la comunicadora Lourdes Cruz, sufrió groserías y maltratos. Los profesionales recordaron que su labor diaria es buscar información de interés público para la comunidad, incluyendo a los fieles católicos, quienes tienen el derecho de conocer las directrices de su nuevo guía espiritual sin filtros ni censuras impuestas por intermediarios.
Ante la contundencia de los reclamos y el evidente descontento, el obispo Salvador González se vio obligado a intervenir personalmente para calmar los ánimos.
En un gesto de control de daños, el prelado pidió disculpas públicas por los incidentes y reconoció la necesidad de corregir el rumbo en la política de comunicación de la diócesis, admitiendo implícitamente que los métodos utilizados hasta ahora han sido erráticos y autoritarios.
A pesar de que los planes originales estipulaban atender a la prensa sólo una vez al mes mediante conferencias controladas, la presión de los medios logró romper el protocolo.
El obispo finalmente cedió a responder los cuestionamientos directos, dejando en evidencia que la estructura de comunicación diocesana pretendía mantener una distancia infranqueable entre el pastor y la opinión pública, bajo el argumento de cortesía que no permitía preguntas.
Sin embargo, el conflicto interno persiste, ya que el padre Freddy Ku se mantiene al frente de la pastoral de comunicación a pesar de las graves acusaciones de maltrato en su contra.
Hasta el momento, el responsable del área parece desconocer o ignorar las nuevas directrices de apertura, dejando en el aire la incertidumbre sobre si realmente existirá un cambio genuino en la relación entre la Iglesia Católica y los medios de comunicación en el estado.

