La relación sentimental de El Mencho con Guadalupe Moreno se convirtió en la pieza clave que permitió a las autoridades ubicarlo y ejecutar el operativo que termina con su muerte
Ciudad de México (Marcrix Noticias).- El amor terminó siendo el eslabón más débil en la historia de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho. Durante más de una década logró evadir operativos, traiciones y cercos militares; sin embargo, fue su relación sentimental con Guadalupe Moreno Carrillo la que abrió una ventana inesperada para su localización.
De acuerdo con reportes de inteligencia, el líder del Cartel Jalisco Nueva Generacion extremaba precauciones en comunicaciones, traslados y contactos operativos. Cambiaba constantemente de refugio y limitaba al máximo su círculo de confianza. Pero había una excepción: la mujer que consideraba el amor de su vida.
Guadalupe no formaba parte de la estructura criminal ni figuraba como operadora. Su perfil discreto parecía blindarla de cualquier sospecha.
Precisamente esa aparente normalidad permitió que, en la fase final de la investigación, los analistas detectaran patrones de encuentros personales que rompían con la lógica estrictamente operativa del capo.
Cada visita, cada desplazamiento y cada coincidencia geográfica comenzaron a dibujar un mapa más preciso de la zona donde se ocultaba. No fue una traición deliberada, sino la constancia de un vínculo afectivo lo que terminó delimitando el área en la sierra donde finalmente fue ubicado.

Para El Mencho, ella representaba lealtad emocional en medio de un entorno marcado por violencia y traiciones. Paradójicamente, ese mismo amor —el único espacio donde bajaba la guardia— se convirtió en el factor que debilitó su esquema de seguridad.
Así, el romance que mantuvo lejos de los reflectores terminó siendo el hilo conductor que permitió cerrar un cerco que por años parecía imposible. El amor no lo traicionó por voluntad, pero sí lo expuso. Y en esa grieta emocional comenzó el principio del fin.
