Las citas rápidas sin apps ganan terreno entre adultos que ya no confían en los algoritmos para encontrar pareja.
Internacional (Marcrix Noticias) – Un número pegado al pecho, una hoja con casillas y el graznido de un pollo de plástico. Así funcionan las citas rápidas sin apps que cada semana reúnen a decenas de solteros en cafés de Ciudad de México. La dinámica es simple: seis minutos por persona, sin filtros, sin algoritmos y sin la posibilidad de hacer ghosting.
El hartazgo digital empuja a los solteros a verse en persona
La escena se repite cada semana en el café Chez Vous, en la colonia Nápoles. Veinte personas de entre 30 y 45 años llegan puntuales. Se registran. Eligen mesa. Durante hora y media, hablan con desconocidos que, de otra forma, jamás habrían conocido.
El evento se llama “Noches de Coqueteo” y se promociona principalmente en TikTok. La entrada cuesta 390 pesos e incluye botanas, bebidas sin alcohol y la posibilidad de interactuar con hasta diez personas distintas en una sola noche.
El formato nació de una observación concreta. Iván Osorio, su creador, trabajaba organizando viajes para solteros. Notó que en cada travesía surgían conexiones que los participantes querían repetir, pero sin tomarse días libres ni alejarse de la ciudad. La demanda fue clara: algo parecido, pero aquí y ahora.
Citas rápidas sin apps, segmentadas para aumentar probabilidades
Lo que distingue a este modelo de otros intentos similares es la segmentación. Hay ediciones para personas altas, para quienes miden menos, para distintas preferencias sexuales, para amantes del gimnasio y para quienes prefieren la montaña al antro. Próximamente habrá encuentros curvy.
“Queremos que la gente encuentre a alguien afín”, explica el organizador. Según él, no se trata de excluir sino de mejorar las probabilidades de conexión real.
En año y medio de operación, alrededor de dos mil 500 personas han participado en estos eventos. De esos encuentros surgieron cuatro matrimonios, dos bebés y un divorcio. Los casos en que nadie recibió ni siquiera una marca de amistad no superan la veintena.
La economía del amor también entra en la ecuación
El argumento económico también pesa. Una cita tradicional puede costar hasta dos mil pesos entre cena, cine y bebidas. Aquí, por 390 pesos, el participante conoce a más de diez personas en una sola noche y regresa a casa con un resultado concreto.
El veredicto no llega esa noche. La empresa envía por correo, días después, los resultados de compatibilidad. Quien marcó a alguien con un corazón sabrá el lunes si el sentimiento fue mutuo. Si no, el rechazo llega sin drama: solo una casilla vacía y un silencio puntual.
Un gimnasio emocional para tiempos de pandemia y pantallas
Iván Osorio no se presenta como romántico. Es mercadólogo y habla de sus eventos con la misma precisión con que describiría una campaña publicitaria. Sin embargo, reconoce algo que los números confirman: después de la pandemia, muchas personas perdieron habilidades sociales básicas. Mirar a alguien a los ojos, sostener una conversación sin consultar el celular, tolerar un silencio sin escapar a una pantalla.
En ese contexto, estos eventos funcionan como entrenamiento. Los participantes no solo buscan pareja. Buscan recuperar algo más difícil de medir: la confianza en que la conexión humana todavía es posible fuera de una aplicación.
La tendencia no es exclusiva de México. Las citas rápidas ganaron popularidad a principios de los 2000, en parte por su aparición en programas de televisión. Desaparecieron del radar por años y hoy regresan impulsadas por el agotamiento masivo frente a las apps de citas y el deseo de experiencias más tangibles.
El rechazo también tiene sus reglas
Una participante que asistió al evento lo resumió con claridad: cuando sus amigas le preguntan a cuántos les gustó esa noche, ella responde que a ninguno. El silencio que sigue lo rompe ella misma con una carcajada. Porque en este sistema, el rechazo no tiene rostro ni escena. Es un dato. Una casilla que quedó vacía.
Eso, paradójicamente, es parte de su atractivo. Frente al ghosting, la ambigüedad y la espera interminable de las apps, aquí el resultado es claro, llega a tiempo y no destruye una tarde entera.
