Un derrumbe en una mina de coltán en el Congo deja más de 200 muertos y refleja los riesgos de la minería artesanal en zonas de conflicto.

Un derrumbe en la mina de Rubaya, controlada por el grupo armado M23, provocó una tragedia humanitaria.

 

República Democrática del Congo (Marcrix Noticias).- Un derrumbe en una mina de coltán en el este del país causó la muerte de más de 200 personas y dejó decenas de heridos, confirmó un portavoz de las autoridades locales en la provincia de Kivu del Norte. El accidente ocurrió en el sitio minero de Rubaya, una de las mayores fuentes de coltan del mundo.

El desprendimiento de tierra tuvo lugar durante la temporada de lluvias, cuando varios túneles excavados a mano se desplomaron, atrapando a trabajadores y habitantes que se encontraban cerca de la zona de extracción. Las labores de rescate continúan, aunque la comunicación con el área es difícil debido a la falta de infraestructura.

Las autoridades locales indicaron que además de mineros artesanales, entre las víctimas se encontraban mujeres, niños y comerciantes que trabajaban en las inmediaciones del yacimiento. Varias personas heridas han sido trasladadas a centros de salud en la localidad, mientras que ambulancias trabajan para llevar a algunos heridos a la ciudad de Goma, situada a alrededor de 50 kilómetros de distancia.

El portavoz del gobernador de Kivu del Norte, nombrado por el grupo armado que controla la región, señaló que decenas de cuerpos ya han sido recuperados y que los restos de otras víctimas permanecen sepultados bajo el lodo.

 

La minería en el este del Congo

 

La mina de Rubaya es un importante yacimiento de coltán, un mineral del que se extraen metales como el tantalio, fundamentales para la fabricación de dispositivos electrónicos, computadoras y equipos aeroespaciales. Esta área produce entre el 15 % y el 30 % del coltán usado en el mercado global.

Desde 2024, el sitio ha estado bajo el control del grupo armado conocido como March 23 Movement, respaldado por fuerzas externas según denunciaron expertos de la ONU. Esta organización ha impuesto impuestos sobre la extracción del mineral y ha consolidado su control sobre rutas de transporte y comercialización, generando ingresos que se estiman en cientos de miles de dólares mensuales.

La minería en la región es en gran parte artesanal, sin medidas de seguridad adecuadas, lo que hace que las excavaciones sean vulnerables a colapsos, especialmente durante la temporada de lluvias. Mineros locales, que dependen de estas labores para su sustento diario, trabajan en condiciones precarias sin equipo de protección ni supervisión técnica, lo que aumenta el riesgo de accidentes.

 

 

 

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