El huracán tocó tierra en Quintana Roo el 21 de octubre como categoría 4 y dejó graves daños en hoteles, playas e infraestructura, además de pérdidas económicas millonarias.

Cancún (Marcrix Noticias).- Este miércoles 21 de octubre de 2026 se cumplen 21 años de la llegada del huracán Wilma a Quintana Roo, uno de los fenómenos meteorológicos más destructivos en la historia del Caribe Mexicano, que dejó a Cancún con playas devastadas, hoteles dañados, viviendas inundadas y miles de familias sin servicios básicos.

El 21 de octubre de 2005, Wilma tocó tierra en Cozumel como huracán categoría 4, después de haber alcanzado la categoría 5 durante su trayectoria por el mar Caribe, donde registró una presión atmosférica mínima de 882 hectopascales, una de las cifras más extraordinarias documentadas en el océano Atlántico.

El fenómeno llegó a Quintana Roo con vientos superiores a los 250 km/h y ráfagas de hasta 295 km/h, provocando severas afectaciones en distintos puntos del norte del estado.

Una de las características que hicieron especialmente destructivo a Wilma fue su lento desplazamiento, que mantuvo condiciones extremas durante aproximadamente 63 horas, prolongando las lluvias torrenciales, los fuertes vientos y las inundaciones.

Cancún e Isla Mujeres estuvieron entre las zonas más afectadas, donde miles de habitantes permanecieron resguardados mientras el huracán provocaba daños en viviendas, establecimientos comerciales, vialidades y servicios públicos.

En Cancún, la Zona Hotelera sufrió algunas de las consecuencias más graves. Más de 110 hoteles registraron daños o destrucción, mientras que las olas y los fuertes vientos arrasaron con extensas zonas de playa.

En varios puntos de la costa, la arena desapareció casi por completo, dejando expuestas las estructuras de hoteles y establecimientos turísticos que dependían de este importante atractivo natural.

Las inundaciones también afectaron numerosas calles y colonias, mientras que la caída de árboles, postes y estructuras eléctricas provocó interrupciones prolongadas en el suministro de energía.

De acuerdo con los reportes de aquella emergencia, cientos de postes y torres de transmisión resultaron dañados, por lo que algunas zonas permanecieron sin electricidad durante semanas.

Además, las afectaciones alcanzaron hospitales, escuelas, carreteras, puertos y viviendas, complicando las labores de atención y recuperación en los días posteriores al paso del huracán.

Las lluvias acumuladas durante el fenómeno llegaron a representar aproximadamente una vez y media el promedio anual de precipitaciones de Quintana Roo, lo que contribuyó a las inundaciones y al deterioro de la infraestructura.

Las pérdidas económicas provocadas por Wilma alcanzaron los 18 mil 773 millones de pesos, según una evaluación del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Esta cifra corresponde a los daños y pérdidas registrados en Quintana Roo y Yucatán, aunque aproximadamente el 97% se concentró en territorio quintanarroense.

El sector turístico resultó especialmente afectado, al concentrar alrededor del 94% de las pérdidas económicas estatales, debido a los daños en hoteles, restaurantes, comercios y otros servicios relacionados con la llegada de visitantes.

El Aeropuerto Internacional de Cancún también suspendió sus operaciones durante aproximadamente 62 horas, situación que dejó a numerosos turistas sin posibilidad de salir del destino y complicó el regreso de las actividades económicas.

La paralización del turismo afectó directamente a trabajadores de hoteles, transportistas, comerciantes y pequeños empresarios, quienes enfrentaron pérdidas de ingresos mientras se realizaban las labores de reconstrucción.

Para muchas familias, las consecuencias del huracán continuaron después de que terminaron las lluvias y los fuertes vientos, debido a los daños en sus viviendas, la pérdida de pertenencias y las dificultades para recuperar sus empleos.

Uno de los mayores desafíos posteriores a Wilma fue la recuperación de las playas de Cancún, consideradas uno de los principales atractivos turísticos y motores económicos del destino.

Ante la grave erosión costera, el Gobierno federal destinó recursos extraordinarios para desarrollar un proyecto de recuperación de aproximadamente 12 kilómetros de playas, en el tramo comprendido entre Punta Cancún y Punta Nizuc.

Estos trabajos formaron parte de una reconstrucción más amplia que también incluyó la rehabilitación de hoteles, vialidades, instalaciones públicas y redes de servicios básicos.

La recuperación de Cancún requirió la participación de autoridades, empresarios, trabajadores y ciudadanos, quienes colaboraron para retirar escombros, reparar daños y restablecer las actividades cotidianas.

El paso de Wilma también marcó un antes y un después en la preparación ante huracanes en Quintana Roo, al evidenciar la importancia de contar con sistemas de alerta, refugios temporales, rutas de evacuación y protocolos de emergencia.

Desde entonces, el monitoreo meteorológico, la coordinación entre autoridades y la identificación de zonas de riesgo se mantienen como elementos fundamentales para reducir las consecuencias de los ciclones tropicales.

Sin embargo, el crecimiento urbano y la concentración de infraestructura turística en áreas costeras continúan representando desafíos para la seguridad de residentes y visitantes.

A 21 años de aquella emergencia, el recuerdo permanece entre los cancunenses que vivieron las largas horas de incertidumbre, los apagones, las calles inundadas y los daños que transformaron temporalmente el paisaje de la ciudad.

Aunque Cancún logró recuperarse y consolidarse nuevamente como uno de los principales destinos turísticos de México, el huracán Wilma continúa siendo un recordatorio de la fuerza de los fenómenos naturales y de la importancia de mantener una cultura permanente de prevención.

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