Richard Johnston, exintegrante de las Fuerzas Especiales del Ejército estadounidense, y John Black, veterano de la Marina, tenían experiencia en escenarios de guerra; la FGR investiga su participación en el desmantelamiento de un narcolaboratorio en la Sierra Tarahumara sin autorización federal

Ciudad de México (Marcrix Noticias).- El historial militar de dos agentes estadounidenses fallecidos en un accidente vehicular en la sierra de Chihuahua ha vuelto a cobrar relevancia en la investigación sobre una presunta operación encubierta de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en territorio mexicano. Richard Leiter Johnston III y John Dudley Black, quienes perdieron la vida a mediados de abril, habían servido en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y contaban con antecedentes de servicio en Afganistán.

De acuerdo con información publicada por El Universal, ambos agentes no se limitaron a observar el operativo para desmantelar un narcolaboratorio en la comunidad de El Pinal, en la Sierra Tarahumara, sino que habrían integrado una célula táctica armada junto con elementos de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua.

La Fiscalía General de la República (FGR) indaga las circunstancias en las que los estadounidenses ingresaron al país, las actividades que realizaban y las condiciones bajo las cuales participaron en una intervención de seguridad sin autorización del Gobierno federal, un caso que ha escalado hasta el terreno político y judicial.

De las operaciones en Afganistán a una misión en Chihuahua

Richard Johnston, de 35 años, nació en Washington D. C. y estudió Historia y chino mandarín en la Universidad de Virginia. Posteriormente ingresó al Ejército estadounidense, donde alcanzó el grado de capitán y se incorporó a las Fuerzas Especiales, una trayectoria que lo llevó a obtener la denominada Boina Verde.

De acuerdo con una semblanza publicada en el sitio U.S. Special Forces Taps, Johnston encabezó un pelotón de la 25.ª División de Infantería y participó en 2016 en la Operación Freedom Sentinel, en Afganistán. Durante esa misión realizó actividades antiterroristas y colaboró en el entrenamiento de las fuerzas de seguridad afganas.

Tras dejar el Ejército, continuó trabajando para el Gobierno estadounidense en distintas regiones consideradas estratégicas o de alta complejidad, entre ellas Medio Oriente, África, Asia Oriental y el continente americano. La semblanza dedicada a su trayectoria no detalla su incorporación a la CIA, aunque describe su fallecimiento como un accidente ocurrido mientras cumplía una misión al servicio de su país.

John Black, de 43 años, también tenía antecedentes militares. Nació en San Francisco y creció en el estado de Washington, donde estudió en la Universidad Gonzaga. Antes de incorporarse a labores de inteligencia, sirvió en la Marina estadounidense y estuvo desplegado en Afganistán como ayudante de campo del comandante general de la Primera División de Marines, según información de The Seattle Times.

Aunque los perfiles públicos de ambos ofrecen detalles de su formación y trayectoria militar, hasta ahora no se ha difundido información exhaustiva sobre sus funciones específicas dentro de la CIA ni sobre la misión que realizaban en México.

La FGR reconstruye su participación en el operativo

La investigación federal apunta a que Johnston y Black estuvieron presentes en el despliegue de la Fiscalía de Chihuahua para desmantelar un enorme laboratorio de drogas sintéticas en El Pinal, una comunidad de la Sierra Tarahumara.

Según la reconstrucción de los hechos publicada por El Universal, que cita información de la indagatoria de la FGR, los estadounidenses salieron armados de las instalaciones de la Fiscalía estatal junto con el grupo táctico asignado a la operación.

Los testimonios recabados por las autoridades federales señalan que los agentes portaban armas largas, utilizaban pasamontañas, consultaban coordenadas mediante tabletas electrónicas y participaban en recorridos tácticos. También habrían mantenido comunicación directa con Pedro Román Oseguera Cervantes, director de la Agencia Estatal de Investigación, quien murió en el mismo accidente.

Estos datos contradicen las primeras explicaciones difundidas por autoridades de Chihuahua. Inicialmente, se indicó que los estadounidenses eran trabajadores de la Embajada de Estados Unidos que realizaban labores de adiestramiento. Posteriormente, se sostuvo que no habían participado en el operativo y que únicamente se encontraron con los funcionarios estatales cuando estos regresaban a la capital.

La FGR también revisó las cámaras de seguridad de las instalaciones de la Fiscalía estatal y reconstruyó los movimientos de los agentes. Según el reporte periodístico, un vehículo rentado por los estadounidenses ingresó al estacionamiento de la dependencia el 16 de abril y permaneció ahí hasta la noche del 19 de abril, fecha del accidente.

Uno de los testimonios incorporados a la investigación refiere que, después de la volcadura de la camioneta en la que viajaban los funcionarios, el vehículo explotó debido a que transportaba bidones con gasolina adicional. Tras el siniestro, presuntamente se habría ordenado ocultar la presencia de los agentes de la CIA.

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