El proyecto llamado “Mujeres Mayas Promotoras de Energía Solar”, con el que han aprendido a instalar, reparar y dar mantenimiento a sistemas fotovoltaicos para llevar electricidad a hogares y sistemas de bombeo de agua a unidades productivas.
Cancún (Marcrix Noticias)-La experiencia ocurrió durante una visita a comunidades de Felipe Carrillo Puerto, en Quintana Roo. Al regresar a casa, la integrante de la cooperativa Túumben K’óoben rompió en llanto al comprender que aquello que parecía tan básico para ella representaba un privilegio para otras familias.
“Yo tuve tantos sentimientos que cuando llegué a mi casa lloré. Dije: ‘¡No puede ser!’. Sentí impotencia y eso me llevó a que ayudemos a tener luz en otras comunidades”, recordó.
Desde entonces, Fátima se involucró en proyectos para acercar soluciones solares a comunidades donde la electricidad no llega o donde las interrupciones del servicio forman parte de la vida cotidiana.
Cuando el día termina con el último rayo de sol
Felipe Carrillo Puerto es uno de los municipios con mayor presencia de población maya en Quintana Roo. De acuerdo con los datos citados del Inegi, tiene alrededor de 83 mil 900 habitantes y cerca de tres cuartas partes de su población pertenece a este pueblo originario.
Pero el desarrollo turístico que caracteriza a Quintana Roo contrasta con las condiciones de comunidades alejadas de los grandes centros urbanos.
Según datos del Coneval correspondientes a 2020, alrededor de 81.1 por ciento de la población del municipio se encontraba en situación de pobreza. Además, Felipe Carrillo Puerto registró uno de los mayores incrementos de pobreza entre los municipios de Quintana Roo durante la década anterior.
En materia energética, el contraste también resulta evidente.
Mientras Cancún y Riviera Maya concentraron en 2024 el 40.9 por ciento de la demanda máxima de electricidad de la región peninsular, en Felipe Carrillo Puerto el consumo doméstico promedio reportado fue considerablemente menor.
Para Fátima, estas diferencias reflejan una realidad territorial en la que las comunidades alejadas de los principales polos turísticos no siempre reciben la misma atención en materia de infraestructura eléctrica.
“Nosotras vivimos en un territorio no tan prioritario en cuanto a contar con luz, donde el turismo masivo es, de principio, lo más importante para tener sistema energético eléctrico. Mientras, nuestra comunidad puede quedarse dos o tres días sin energía y no pasa nada”, señaló.
La pobreza energética va más allá de la falta de un foco
La ausencia o intermitencia de electricidad tiene efectos que alcanzan actividades básicas de las familias.
Sin energía suficiente se dificulta conservar alimentos, bombear agua, cargar teléfonos, estudiar durante la noche o desarrollar actividades productivas después del atardecer.
Fátima recuerda que en algunas comunidades las mujeres deben concentrar buena parte de sus actividades durante las horas de luz.
“Conocemos historias donde todas las actividades de las mujeres las tienen que hacer hasta que el último rayo del sol se esconde”, explicó.
Por ello, para Túumben K’óoben el problema energético también está relacionado con las desigualdades de género.
Las mujeres suelen asumir buena parte de las labores domésticas y de cuidado, por lo que las limitaciones en el acceso a la energía terminan aumentando también su carga de trabajo.
Mujeres mayas aprenden a instalar paneles solares
Fátima actualmente coordina el área de energía de la cooperativa y participa en el proyecto Mujeres Mayas Promotoras de Energía Solar.
La iniciativa busca capacitar a mujeres de las comunidades para instalar, reparar y dar mantenimiento a sistemas fotovoltaicos destinados principalmente a iluminación y bombeo de agua para actividades productivas.
Fátima aclara que no se presentan como ingenieras solares.
“Nosotras no somos ingenieras solares, sino mujeres que nos estamos preocupando por lo que está pasando en nuestro territorio”, explicó.
La cooperativa comenzó a trabajar con tecnologías alternativas hace aproximadamente 17 años y se constituyó formalmente en 2011. Sus primeros proyectos estuvieron relacionados con estufas ahorradoras de leña y ollas solares.
A partir de 2019 incorporaron sistemas fotovoltaicos para iluminación y posteriormente comenzaron a utilizar bombas solares para riego.
El proyecto Mujeres Mayas Promotoras de Energía Solar recibió en 2022 recursos del Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial. Posteriormente, la cooperativa obtuvo apoyo de Honnold Foundation para continuar con la formación de mujeres.
Más de 20 hogares ya cuentan con sistemas solares
El trabajo desarrollado por la cooperativa ha permitido instalar sistemas básicos en 21 hogares identificados en situación de pobreza energética y bombas solares en cuatro unidades de producción agroecológica.
Además, otros 10 sistemas fotovoltaicos fueron donados a familias de bajos recursos.
Alrededor de 304 personas han recibido capacitación relacionada con el uso, instalación y mantenimiento de esta tecnología.
Los proyectos han llegado a comunidades como Santa Rosa, Dzulá, X-Hazil Sur y Tihosuco, en Quintana Roo, además de Chechmil, Sotuta, Sanahcat y Cantamayec, en Yucatán.
El objetivo no es únicamente colocar paneles y dejar funcionando los equipos. La propuesta consiste en que las propias familias sepan cómo utilizarlos y atender problemas básicos.
“Yo pensé que hombres iban a venir”
La llegada de las mujeres capacitadas para instalar los sistemas también ha provocado sorpresa entre las familias beneficiarias.
Dulce Magaña, integrante de Túumben K’óoben, relató que en varias ocasiones las familias esperan encontrar a hombres cuando se anuncia que habrá una instalación.
En Santa Rosa ocurrió con María Uc, quien imaginaba que llegarían trabajadores similares a los electricistas que conocía.
“Yo pensé que hombres iban a venir a instalar el panel ¡Y no! Ya cuando veo, son puras mujeres que se pusieron a instalar y guiarnos para que sepamos cómo hacerlo”, recordó.
En X-Hazil Sur, Julia Pech tuvo una reacción similar al observar a las mujeres trabajando directamente sobre la instalación.
“Sí me sorprendió un poquito. Veo que también las mujeres pueden hacer esto. Más cuando miré todo eso, que ya se treparon y lo hicieron”, contó.
La capacitación incluye desde la identificación de cables y conectores hasta procedimientos para desmontar los sistemas antes de un huracán, detectar fallas, cambiar componentes y realizar mantenimiento básico.
“Nosotras te capacitamos para que no seas dependiente de otra empresa o de nosotras mismas”, explicó Dulce.
La energía cambia la vida cotidiana
En X-Hazil Sur y Santa Rosa, algunas de las familias beneficiadas viven en zonas alejadas del centro de sus comunidades.
Anteriormente habían solicitado conexiones a la Comisión Federal de Electricidad, pero las gestiones no prosperaron debido al costo de extender la infraestructura hasta sus viviendas.
Antes de contar con los paneles, algunas familias utilizaban velas para iluminarse.
Cuando caía la noche, las actividades se detenían. Las niñas y los niños procuraban terminar sus tareas antes de que oscureciera y en algunos casos se acostaban alrededor de las siete u ocho de la noche.
Con la instalación de los sistemas básicos, que incluyen un panel, batería, controlador, cableado y tres lámparas, las familias pueden prolongar sus actividades después del atardecer.
También pueden cargar teléfonos celulares sin tener que trasladarse o solicitar el apoyo de otras personas.
Para María Uc, la iluminación incluso abrió la posibilidad de realizar actividades productivas durante la noche.
“En las noches estoy bordando a mano, abajito de la lámpara”, contó.
El costo aproximado de los materiales de uno de estos sistemas ronda los 7 mil pesos, mientras que la instalación representa alrededor de 500 pesos. La cooperativa maneja esquemas de pago que pueden extenderse durante uno o dos años.
No todas las familias necesitan la misma energía
Los sistemas básicos están diseñados principalmente para iluminación y pequeños consumos. Si una familia pretende utilizar refrigerador, lavadora, televisión u otros aparatos, es necesario aumentar la capacidad de generación y almacenamiento de acuerdo con sus necesidades.
La diferencia también puede observarse dentro de una misma familia.
Mientras uno de los padres puede considerar prioritaria la adquisición de un televisor, una madre puede identificar como una necesidad más urgente contar con una lavadora que reduzca el tiempo y esfuerzo dedicado al trabajo doméstico.
Para Karla Graciela Cedano Villavicencio, académica del Instituto de Energías Renovables de la UNAM, una transición energética justa no puede reducirse a instalar tecnología.
Los sistemas energéticos, explica, también involucran a las personas que los utilizan, administran y toman decisiones sobre ellos.
“Muchas de las injusticias energéticas a nivel doméstico sí son cargadas a las mujeres. Y si le metemos interseccionalidades, esto se pone peor: mujeres en el espacio rural, indígenas, afrodescendientes, con discapacidad; ca
