La joven venezolana de nueve años falleció tras complicaciones relacionadas con la fibrosis quística

Venezuela (Marcrix Noticias).-Romina Rivera Cruz, la niña violinista venezolana que llegó a tocar ante el papa León XIV en el Vaticano, murió a los nueve años tras permanecer hospitalizada durante diez días por complicaciones derivadas de la fibrosis quística que padecía desde pequeña. Su fallecimiento fue confirmado por el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.

Romina comenzó a estudiar violín a los cuatro años en el núcleo Acarigua-Araure y, gracias a su talento y disciplina, ingresó a la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela y a la Sinfónica Regional de Portuguesa “José Antonio Páez”. Su capacidad musical la convirtió en una de las jóvenes promesas de la música clásica venezolana.

Uno de los momentos más importantes de su corta trayectoria ocurrió en 2025, cuando viajó a Roma como parte de una delegación de alrededor de 160 niños para participar en las actividades relacionadas con la canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles. En el Vaticano, Romina interpretó como solista el Danzón número 2, del compositor mexicano Arturo Márquez, ante el papa León XIV.

La pequeña enfrentaba desde temprana edad la fibrosis quística, una enfermedad genética y crónica que afecta principalmente los pulmones y el sistema digestivo. A pesar de su condición, continuó con su formación musical y sus presentaciones hasta convertirse en una figura reconocida dentro de las agrupaciones infantiles de Venezuela.

Tras su fallecimiento, su madre, Claribeth Cruz, denunció presuntas deficiencias en la atención médica que recibió su hija durante los diez días que permaneció internada en un hospital de Acarigua. Según su testimonio, el centro no contaba con las condiciones necesarias para atender la complejidad de la enfermedad y se habría impedido la intervención de la especialista que trataba habitualmente a la menor. Estas acusaciones corresponden al testimonio de la familia y no implican, por sí mismas, una responsabilidad médica comprobada.

El Sistema de Orquestas de Venezuela, profesores, compañeros y otras instituciones expresaron su pesar por la muerte de Romina y destacaron su sensibilidad, disciplina y amor por el violín. Su presentación en el Vaticano quedó como uno de los momentos más destacados de una trayectoria que, pese a haber terminado prematuramente, dejó una huella en la comunidad musical venezolana.

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