Terapias genéticas logran curar la anemia falciforme, pero cuestan millones de dólares

Las terapias Casgevy y Lyfgenia pueden evitar las crisis que destruyen progresivamente el organismo, pero requieren meses de tratamiento.

Ciudad de México (Marcrix Noticias).- Dos nuevas terapias genéticas probaron tener éxito en el tratamiento de la anemia falciforme, y son capaces de transformar radicalmente la vida de algunos pacientes, al impedir la formación de glóbulos rojos deformados, responsables del dolor y el daño progresivo de órganos. El problema es que recibir uno de estos tratamientos puede costar entre 2.2 y 3.1 millones de dólares.

Estados Unidos aprobó en diciembre de 2023 Casgevy y Lyfgenia, dos terapias que modifican las células madre productoras de sangre del paciente. El objetivo es conseguir que el organismo vuelva a generar hemoglobina capaz de impedir la aparición de nuevas células falciformes.

Los resultados han permitido que pacientes que sufrían crisis recurrentes de dolor dejen de presentarlas después del procedimiento.

Pero no se trata de recibir una inyección y volver a casa. Cada tratamiento debe fabricarse específicamente para una persona, requiere extraer y modificar sus células madre, administrar quimioterapia y posteriormente devolver las células modificadas al organismo. Ahí comienza el siguiente gran problema para la medicina.

Qué es la anemia falciforme

La enfermedad comienza con una alteración genética que afecta la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos encargada de transportar oxígeno por el organismo.

Normalmente, los glóbulos rojos son flexibles y pueden desplazarse con facilidad por los vasos sanguíneos. En las personas con esta enfermedad, cuando disminuyen los niveles de oxígeno, algunos se vuelven rígidos y adquieren una forma parecida a una hoz o media luna.

Estas células pueden obstruir la circulación y reducir el suministro de oxígeno a diferentes partes del cuerpo.

El resultado son episodios intensos de dolor y un deterioro que puede acumularse durante años.

Qué ocurre cuando la enfermedad continúa avanzando

Ian Wilhite vivió prácticamente toda su vida bajo esas condiciones. Las células falciformes fueron dañando sus huesos y corazón mientras las crisis de dolor se hicieron cada vez más frecuentes.

Antes de cumplir 30 años ya había necesitado el reemplazo de una cadera y posteriormente el de un hombro. En los periodos más difíciles terminaba en urgencias cada dos fines de semana.

Entre las posibles consecuencias de la enfermedad también se encuentra el riesgo de accidente cerebrovascular. Las nuevas terapias buscan detener precisamente ese proceso.

La enfermedad no representa únicamente episodios aislados de dolor. La obstrucción repetida de los vasos sanguíneos priva de oxígeno a tejidos y órganos y puede provocar daño progresivo.

Wilhite describió cómo durante años tuvo que calcular prácticamente cada actividad cotidiana de acuerdo con la energía disponible y la posibilidad de sufrir otra crisis. Sabía además que el deterioro continuaría.

Para su fortuna, después de recibir terapia genética, el escenario cambió. Aproximadamente 100 días después de recibir sus células modificadas dejó de presentar síntomas y no volvió a sufrir una crisis de dolor hasta el momento descrito en el reporte.

“No me daba cuenta de cuánto esfuerzo estaba dedicando simplemente a planear mi día”, relató.

Cómo funciona una terapia genética de millones de dólares

Casgevy y Lyfgenia utilizan estrategias diferentes, aunque ambas buscan recuperar una protección que el organismo posee durante sus primeros meses de vida.

Los bebés producen hemoglobina fetal, que no desarrolla el comportamiento responsable de las células falciformes. Cuando esta hemoglobina disminuye durante la infancia, aparecen los síntomas.

Casgevy utiliza CRISPR Cas9 para desactivar un mecanismo genético que posteriormente frena la producción de esa hemoglobina fetal.

Lyfgenia utiliza un vector viral para introducir un gen de hemoglobina modificado.

En lugar de corregir directamente la mutación responsable de la enfermedad, ambas estrategias permiten producir una hemoglobina que evita la formación de nuevas células falciformes. Pero hacerlo exige fabricar prácticamente un tratamiento individual para cada paciente.

Por qué cuesta tanto tratar la anemia falciforme

Primero, los médicos deben recolectar las células madre productoras de sangre del paciente.

Después, esas células son enviadas a instalaciones especializadas para modificarlas genéticamente. Una vez preparadas, el paciente debe someterse a quimioterapia para destruir su médula ósea existente y dejar espacio para las células corregidas.

Posteriormente recibe nuevamente sus propias células, ahora modificadas, y debe permanecer bajo vigilancia mientras su organismo comienza a producir sangre a partir de ellas.

Wilhite recibió cinco días de quimioterapia y pasó aproximadamente un mes hospitalizado. Perdió 30 libras, alrededor de 13.6 kilogramos, y permaneció aislado porque su sistema inmunológico quedó temporalmente destruido.

También necesitó que sus padres se trasladaran para convertirse en sus cuidadores durante el procedimiento.

Casgevy cuesta aproximadamente 2.2 millones de dólares por paciente y Lyfgenia alrededor de 3.1 millones.

A la factura se suma una infraestructura médica altamente especializada y meses durante los cuales el paciente puede necesitar apartarse del trabajo y contar con asistencia permanente.

Una cura que todavía llega a muy pocos pacientes

La paradoja aparece al comparar los resultados con el número de personas que realmente pueden acceder a ellos.

Aproximadamente 100 mil personas viven con anemia falciforme, solamente en Estados Unidos, pero durante el primer año después de la aprobación de Casgevy y Lyfgenia menos de 100 pacientes recibieron alguna de las dos terapias, de acuerdo con los reportes anuales de las compañías.

Los centros autorizados también son limitados y se concentran principalmente en grandes ciudades y hospitales académicos.

Por ello, investigadores consideran que el principal desafío ya no consiste solamente en demostrar que la edición genética funciona.

Ahora necesitan encontrar una manera de conservar sus resultados reduciendo el costo, el tiempo, la infraestructura y las dificultades que actualmente acompañan al procedimiento.

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