Tres trabajadores ingresaron a zonas inundadas del reactor para evitar una explosión que habría agravado la catástrofe.
Ciudad de México (Marcrix Noticias).- El 26 de abril de 1986, mientras el reactor número 4 de Chernóbil ardía tras una explosión nuclear, tres hombres descendieron a la oscuridad de la central.
Se trataba del “Escuadrón Suicida”, los héroes de Chernóbil, quienes no llevaban insignias ni discursos, solo linternas, conocimiento técnico y la certeza de que lo que harían podía no llevarlos de regreso.
El riesgo era inmediato. Bajo el reactor, las piscinas de agua utilizadas como sistema de seguridad se habían inundado. Si el material fundido (una masa radiactiva capaz de derretir estructuras) entraba en contacto con ese líquido, podía desencadenar una explosión de vapor que liberaría grandes cantidades de radiación a la atmósfera .
La misión bajo el reactor
Se llamaban Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov. Fueron los encargados de entrar a ese espacio. No eran desconocidos ni improvisados. Conocían la estructura del sistema y sabían dónde estaban las válvulas que debían abrir para drenar el agua.
Avanzaron en pasillos inundados, con el agua a la altura de las rodillas, guiándose en la oscuridad. Llevaban un dosímetro que, en cierto punto, dejó de medir con normalidad por la intensidad de la radiación.
“Me ofrecieron rechazar la tarea. Pero cómo podría haberlo hecho cuando era la única persona en mi turno que sabía dónde estaban ubicadas las válvulas”, declaró posteriormente Ananenko .
Localizaron las compuertas. Las abrieron. El agua comenzó a drenar.
Entre el mito y la memoria
Durante años, la historia de estos hombres fue contada como un sacrificio inmediato. Se difundió que murieron poco después de cumplir la misión. Sin embargo, esa versión no corresponde completamente con los hechos.
Ninguno de los tres falleció en ese momento. Dos de ellos vivieron durante décadas. El tercero murió años después por causas no directamente relacionadas con la misión.
Lo que sí es cierto es que actuaron en condiciones de alto riesgo. Y que su intervención evitó una posible escalada del desastre, en un contexto donde ya miles de personas estaban expuestas a la radiación.
El peso del silencio
Los integrantes del “Escuadrón Suicida” de Chernóbil no fueron reconocidos como figuras públicas. Durante años, su historia permaneció entre reportes técnicos, testimonios fragmentados y reconstrucciones posteriores.
No hubo épica en el momento. No hubo cámaras. Solo tres hombres cumpliendo con una tarea que nadie más podía hacer. Aunque su acción no detuvo la tragedia, sí evitó que fuera peor.
