La contaminación del acuífero en Quintana Roo avanza sin control, impulsada por desarrollos inmobiliarios y asentamientos irregulares que deterioran la calidad del agua
Quintana Roo (Marcrix Noticias).-La crisis hídrica en Quintana Roo se ha convertido en una realidad alarmante marcada por la contaminación del acuífero, una situación que pone en riesgo tanto el acceso al agua potable como la salud pública en la región. Especialistas advierten que el problema ha dejado de ser una posibilidad futura para convertirse en una emergencia ambiental vigente.
De acuerdo con el buzo de cuevas y cenotes José Urbina Bravo, integrante de colectivos ambientalistas, el deterioro del agua subterránea está estrechamente relacionado con el crecimiento urbano desordenado y la falta de apego a las normas ambientales en desarrollos inmobiliarios. A esto se suman asentamientos humanos irregulares que contribuyen a la degradación del recurso hídrico.
El especialista explicó que la naturaleza porosa del suelo en la región, compuesto principalmente por roca caliza, permite que cualquier contaminante se infiltre rápidamente hacia el acuífero. Esto implica que, sin importar la ubicación, los desechos vertidos en fosas sépticas o directamente al suelo terminan afectando la calidad del agua subterránea.
Asimismo, señaló que la contaminación se extiende a lo largo del corredor urbano que conecta Cancún, Playa del Carmen y Tulum, lo que agrava el estado general del acuífero. Este sistema hídrico subterráneo funciona como un gran lago que abastece a la región, por lo que su deterioro tiene consecuencias amplias y profundas.
Urbina Bravo subrayó que, aunque gran parte de la población no consume directamente agua extraída bajo sus viviendas, existen pocas fuentes confiables en zonas urbanas que garanticen agua libre de bacterias. Esto refleja un problema estructural en el acceso a agua potable de calidad.
Otro factor crítico es la insuficiencia de infraestructura sanitaria. A pesar de la existencia de redes de drenaje, un porcentaje significativo de la población continúa vertiendo sus desechos al subsuelo, ya sea por falta de conexión o por prácticas persistentes. Además, las plantas de tratamiento no son suficientes para procesar adecuadamente las aguas residuales generadas.
El flujo natural del agua subterránea también contribuye a la propagación de contaminantes. Según el experto, el sistema hídrico regional, influenciado por la falla geológica de Holbox, transporta el agua desde zonas continentales hacia la costa, lo que provoca que los contaminantes eventualmente lleguen al mar.
Finalmente, el crecimiento urbano hacia áreas selváticas y la sobreexplotación del acuífero agravan el panorama. La reducción de la capa de agua dulce y su sustitución por agua salada anticipan un escenario en el que será necesario recurrir a la desalinización, con impactos adicionales para el medio ambiente. Ante este contexto, especialistas advierten que la región avanza hacia un proceso de desertificación, mientras las autoridades continúan sin atender de manera efectiva la magnitud del problema.
