El relato de Alberto, marcado por una infancia de abandono y violencia, desató polémica tras señalar a figuras públicas como parte de presuntas redes criminales
México (Marcrix Noticias)-Carmen Salinas fue una de las figuras más emblemáticas en la industria del entretenimiento mexicano; hoy su nombre ha sido involucrado en graves acusaciones.
El podcast Penitencia compartió el testimonio de un hombre llamado Alberto, quien contó la trágica historia de vida que enfrentó desde que conoció el mundo. Muchos han preguntado quién es y de dónde viene; esto fue lo que compartió.
¿Quién es Alberto, hombre viral que acusó a famosos de sacrificar niños?
Con un gesto de dureza en el rostro y la voz tranquila, pero firme, es comoAlberto habló sobre la vida que “le tocó”. Una serie de eventos desafortunados que lo involucraron en un entorno inseguro, en donde lo único que importa es sobrevivir.
La cabeza rapada y una muda de ropa en color beige es como éste varón reveló con total franqueza el haber sido víctima de un sistema, de una maternidad no planeada y de personas que lo utilizaron para hacerse de beneficios propios.
A los 15 días de nacido, apuntó, estaba afuera de un albergue independiente de las autoridades. Lo abandonaron con una carta en donde su madre explicaba que no podía conservarlo por falta de dinero y recursos.
Para él simplemente se trataba de un pretexto porque “con frijoles hubiéramos sobrevivido”, refirió con sarcasmo y una especie de rencor que guarda desde sus primeros años de vida. Hoy tiene 36 años, pero desde los 18 años ha estado recluido.
Purga una condena de 72 años tras secuestrar a familiares de un delegado de Ciudad de México. Para él no es un problema estar adentro, incluso se mostraba indiferente, pero advirtió que de salir volvería a delinquir porque esa es su vida.
La dura infancia de Alberto
A los 5 años fue adoptado por un matrimonio que desde el primer día le hicieron saber lo que le esperaba: una vida de golpizas y estar encadenado junto al perrito que tenían. En unas semanas su padrastro comenzó a abusar sexualmente de él.
Denunció que su madrastra no podía tener hijos y ante la molestia que le provocaba a su padrastro, éste le propinaba brutales golpizas. Aunque pidió ayuda a su madrastra por las constantes violaciones que sufrió, ella volteó la mirada a otro lado: “Cómo no me iba a creer, si veía las manchas de sangre en el colchón”, dijo entre risas, como si ya hubiera superado aquellos traumáticos recuerdos.
Cuando cumplió los 6 años huyó de aquel infierno que se hacía llamar “hogar” y llegó a las calles, en donde encontró una “familia” que al menos le enseñó a leer, escribir y contar. Hombres de más de 50 años fueron sus maestros y amigos, pero también tenía que ganárselo, buscando droga para todos, comida y después venían las enseñanzas.
Robaba comida y a veces dinero a los autobuses, cuando veía la oportunidad, porque desde temprano se iba a lavar los camiones para ganarse un poco de dinero, comprar comida y repartirla entre todos. Cada quien buscaba la forma de llevar algo.
Su casa fueron las coladeras y de Tacubaya se mudó a La Merced, ahí conoció a una niña de 9 años, que se hizo su “noviecita”, pero tiempo después fue secuestrado junto con ella y otros niños, esto a manos de un Escuadrón de la Muerte.
Durante aquel rapto los educaron y les ponían a hacer ejercicio, pero nunca les permitieron bañarse, en ese trayecto vio morir a muchos de sus amigos, entre ellos su pareja, aquella pequeña que llegó a las coladeras tras haber sido abusada sexualmente por su padre y abuelo.
Ella -dijo- no aguantó los ejercicios y fue ultimada por los hombres que los entraban. Comentó que los cuerpos de los niños fallecidos eran tirados en calles de la Ciudad de México. Al cumplirse 1 año de aquel encierra fue aseado y liberado.
Sin embargo, le dieron la libertad con la condición de ir a la Cámara de Diputado en donde fue recibido por un importante hombre, quien lo citó por la noche y desde ese momento supo que tenía “dueño” y trabajaba para el gobierno. Su vida delincuencial comenzó.
De las coladeras a los homicidios
Reveló haber entrado a un mundo mucho más oscuro, en donde sus trabajos consistían en robar niños y llevarlos a donde le indicaran, además de que no olvidó a su padrastro, lo buscó, lo torturó y finalmente lo mató porque “así ya no iba a lastimar a ningún niño”.
Los homicidios fueron el pan de cada día, el dinero le llegaba en fajos regordetes. En la adolescencia ya tenía su propio departamento en Polanco y carros de lujo, pero nunca se olvidaba de sus coladeras, a donde acudía cada fin de semana para llevarles comida, pañales, lo que necesitaran.
El tiempo pasó y volvió a ver a su madrastra, a quien le compró una casa, pero dijo que fue porque no tenía en qué gastarse el dinero. Al menos ahora tendría un lugar en donde morirse sola. Reflexionó que tal vez tuvo compasión de ella, pues también era víctima de violencia a manos de su padrastro.
Con visible molestia dijo no saber quién es; sí tiene documentación porque fue registrado por sus padres adoptivos, pero se cambió el nombre debido al dolor que esos apellidos arrastraban consigo. Lo cierto es que tampoco sabe nada de su identidad: nacionalidad, familia, ascendencia.
En 7 años, es decir, de los 10 a los 17, fue el empleado perfecto para sus jefes, porque “era un niño, nadie te dice nada”. Podía entrar a donde quisiera al no representar un peligro aparentemente, pero era quien ayudaba a secuestrar a las víctimas pidiendo ayuda porque “estaba perdido”.
Sin embargo, confesó que su labor tenía fecha de caducidad, estaba por cumplir la mayoría de edad y era momento de jubilarlo. Como último encargo le pidieron deshacerse de su jefe, a quien le tomó estima porque era quien lo hacía sentir importante.
Recibía de éste hombre ‘apapachos’ con palabras de aliento y palmadas en el hombro para felicitarlo por su compromiso; esto hizo que él se negara a terminar con el hombre que al menos lo consideraba importante… por la razón que fuera.
Le advirtió a su jefe, pero éste no le creyó. Alberto se fue. Meses después lo contactaron para una comida porque le tenían un encargo y en ese momento lo detuvieron bajo el cargo de secuestro. Nadie intervino por él.
Tras haber dejado de trabajar para el gobierno, como dijo, se dedicó a raptar personas con niveles altos de dinero; resultaba bastante redituable y sencillo, pero finalmente lo detuvieron y desde ese entonces está recluido.
Con calma cerró su entrevista diciendo que “tal vez en otra vida me toque algo mejor y si no la volvemos a repetir”. Sus palabras han resonado con gran tristeza entre la comunidad internauta, quien ha sentido solidaridad por el niño que solamente quería ser amado, mientras otros piden no ser piadosos con criminales.
