Naciona (Marcrix Noticias).-El reciente operativo militar que culminó con el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, máximo cabecilla del Cártel Nueva Generación, dejó al descubierto una faceta mística hasta ahora desconocida del criminal. En el interior de la residencia donde fue localizado el líder del grupo delictivo, las autoridades hallaron un complejo escenario de devoción religiosa que incluía altares, veladoras y figuras católicas. La presencia de estas imágenes en el núcleo de operaciones de uno de los hombres más buscados del país confirma que, incluso en los niveles más altos de la delincuencia organizada, la búsqueda de protección espiritual mediante figuras tradicionales es una constante que define su identidad cotidiana.

Dentro de las habitaciones de la propiedad se localizaron altares improvisados con representaciones de la Virgen de Guadalupe y San Judas Tadeo, así como una imagen de San Chárbel, el monje libanés venerado por su capacidad de intercesión en causas difíciles. Uno de los hallazgos más significativos fue una hoja de papel con el Salmo 91 escrito manualmente, un texto bíblico utilizado habitualmente por los creyentes para solicitar refugio y seguridad ante las amenazas externas. Estas evidencias se extendían hasta las áreas exteriores del complejo en Jalisco, donde esculturas talladas en piedra demostraban que la religiosidad del capo no era un acto privado, sino una parte integral del entorno donde residía.

La correspondencia encontrada en el sitio también aportó datos relevantes sobre la percepción del líder entre sus allegados, quienes se dirigían a él con el apelativo de “compadrito” en cartas cargadas de retórica religiosa. Estos mensajes solían invocar la protección de los santos hacia su persona, reforzando el vínculo entre los integrantes de la organización y sus creencias compartidas. A pesar de la imagen implacable y el perfil bajo que Oseguera Cervantes mantuvo durante casi dos décadas de actividad criminal, estos objetos personales ofrecen una ventana a su vida privada y a la necesidad de consuelo divino que experimentaba a pesar de sus acciones violentas.

Expertos en el estudio de la narcocultura y especialistas del Centro de Estudios de las Religiones en México señalan que esta relación entre la fe y la violencia no es una contradicción, sino un fenómeno histórico documentado en diversas organizaciones criminales del mundo. Según los investigadores, este tipo de espiritualidad no se ajusta a los cánones tradicionales del cristianismo que buscan la salvación del alma o el perdón de los pecados. Por el contrario, se trata de una religiosidad popular de carácter inmediato, donde el individuo recurre a la divinidad para satisfacer necesidades urgentes como el hambre, la protección contra enemigos o la supervivencia en un entorno de constante peligro.

Finalmente, el caso del Cártel Nueva Generación ilustra cómo la fe se convierte en una herramienta de cohesión y resistencia psicológica para quienes operan al margen de la ley. Al igual que los antiguos samuráis o la mafia siciliana, los grupos delictivos contemporáneos integran rituales y simbología sagrada para justificar su estilo de vida y encontrar un sentido de pertenencia. La caída del líder criminal no solo marca un hito en la seguridad nacional, sino que también deja abierta la discusión sobre cómo la cultura popular y la religión se entrelazan de forma compleja en las estructuras 

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