La semana pasada, los restos de Camilo Torres fueron entregados por la UBPD al sacerdote jesuita Javier Giraldo.

Colombia (Marcrix Noticias)-Habían de pasar 60 años desde que el cura guerrillero Camilo Torres fuera abatido en un combate con el Ejército para que sus restos, que la institución militar pretendió ocultar durante décadas, fueran por fin identificados por el servicio forense de Colombia.

Este martes, el director del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia, Ariel Emilio Cortés, informó que los restos óseos hallados hace unos meses por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) en un cementerio militar corresponden a los del sacerdote y exguerrillero del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

La identificación científica de los restos de Camilo Torres se produce justo cuando instituciones educativas, religiosas y de la sociedad civil conmemoran el 60 aniversario de la muerte del cura, la cual se produjo el 15 de febrero de 1966 cuando él participaba en su primer combate como guerrillero.

Según Cortés “no hay ninguna duda” de que la osamenta analizada por médicos y antropólogos forenses, genetistas y biólogos pertenece al cura. Incluso los análisis de ADN que se practicaron a su madre, Isabel Restrepo, y a su abuela materna, Isabel Gaviria, son coincidentes en 99% a las del religioso.

La semana pasada, los restos de Camilo Torres fueron entregados por la UBPD al sacerdote jesuita Javier Giraldo, quien en 2019 había pedido a ese organismo localizar el cuerpo del cura abatido de dos disparos en un paraje del municipio de San Vicente de Chucurí, en el nororiental departamento de Santander.

La discreción con que ocurrió la entrega de los restos del cura se debió a los protocolos de “entrega digna” que maneja la UBPD.

El pasado miércoles 18, la urna con la osamenta de Camilo Torres fue depositada en la capilla Cristo Maestro de la Universidad Nacional (UN) de Colombia, la principal casa de estudios del país y donde, siete años antes de morir, el cura católico fundó la Facultad de Sociología.

Para el sacerdote Javier Giraldo, un conocido defensor de los derechos humanos, Camilo Torres “no será un objeto de culto estático, sino que ha regresado para interpelarnos sobre la vigencia del ‘amor eficaz’, esa necesidad imperativa de transformar las estructuras sociales para que la justicia no sea un privilegio de pocos, sino una realidad para las mayorías”.

El cardenal Luis José Rueda Aparicio, quien es el arzobispo primado de Colombia, también señaló en una carta con motivo de los 60 años de la muerte del cura guerrillero que la Iglesia católica “ora por el eterno descanso del padre Camilo y ruega al señor por el fin definitivo de toda forma de violencia en Colombia”.

Al mismo tiempo, exhortó “a trabajar sin desfallecer por la justicia social, en el marco del Estado social de derecho”.

El cardenal afirmó que, a pesar de los profundos cambios vividos en estas últimas seis décadas, Colombia sigue anhelando la paz plena y la justicia social que dignifique la vida de todos.

El presidente colombiano, Gustavo Petro, había dicho previamente que los restos de Camilo Torres, un “sacerdote y revolucionario”, serían depositado con honores como el fundador de la Facultad de Sociología de la UN y “como fundador de la Teología de la Liberación en el mundo”.

La guerrilla del ELN, que el año pasado suspendió diálogos de paz con el gobierno y hoy mantiene una ofensiva contra la fuerza pública en el nororiente de Colombia, confirmó el mes pasado en un comunicado que esos restos corresponden a Camilo Torres, lo que tiene una “dimensión histórica” porque desde hace 60 años no se tenía claridad de su paradero.

El ELN, sin embargo, es una guerrilla altamente impopular en Colombia por los atentados terroristas que ha realizado con la fuerza pública, en los que han muerto civiles, y por su relación con la producción y trasiego de cocaína.

Desde su muerte, en 1966, el cadáver de Torres nunca fue entregado a sus familiares directos –todos los cuales han fallecido– ni había sido identificado oficialmente. El Ejército colombiano nunca quiso revelar el sitio donde fue sepultado el sacerdote por temor a que sus simpatizantes lo convirtieran en un símbolo político de la izquierda.

Pero siempre se supo que podía estar en un cementerio del nororiental departamento de Santander.

En 2024, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) localizó una urna de muy buena calidad en un mausoleo militar de Bucaramanga, la capital de Santander, unas osamentas entre las cuales, según indicios, podrían estar restos del cura guerrillero.

Tras más de un año de análisis forenses, la UBPD concluyó que se trataban de los restos de Camilo Torres, pero hasta este miércoles la información fue confirmada por el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia.

Las conmemoraciones del 60 aniversario de la muerte del religioso se realizan este mes en varias universidades del país, donde se han llevado a cabo foros y seminarios sobre su vida e ideario social. También ha sido recordado por organismos de derechos humanos y madres buscadoras de familiares desaparecidos.

De hecho, la madre de Camilo Torres, Isabel Restrepo, fue una de las primeras madres buscadoras de Colombia ya que las autoridades le negaron y ocultaron el cadáver de su hijo tras el combate que le costó la vida.

Restrepo tuvo que huir de Colombia por amenazas de muerte y a finales de los 60 se refugió en Cuba, donde murió en 1973.

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