Se trata de un asteroide clasificado como cuasi-satélite que no orbita la Tierra y permanecerá cercano hasta 2083.
Estados Unidos (Marcrix Noticias).- La NASA confirmó en enero de 2026 la existencia de lo que popularmente se ha denominado como una segunda Luna, un pequeño asteroide que acompaña a la Tierra en su recorrido alrededor del Sol desde hace más de seis décadas, sin representar riesgo alguno para el planeta.
El objeto fue identificado como el asteroide 2025 PN7, descubierto en agosto de 2025 por el telescopio Pan-STARRS, ubicado en Hawái, y clasificado científicamente como un cuasi-satélite debido a la particularidad de su órbita.
¿Qué es realmente la llamada segunda Luna?
Aunque el término puede resultar confuso, la NASA aclaró que este objeto no orbita la Tierra como lo hace la Luna. En realidad, el asteroide gira alrededor del Sol en una trayectoria casi idéntica a la de nuestro planeta, lo que genera la ilusión de que ambos viajan juntos durante largos periodos.
Este comportamiento orbital provoca que, desde la perspectiva terrestre, el asteroide parezca mantenerse cercano por décadas, aunque su vínculo gravitacional no sea directo con la Tierra.
De acuerdo con estimaciones científicas, el asteroide 2025 PN7 tiene un diámetro aproximado de entre 19 y 36 metros. Los cálculos realizados por el Jet Propulsion Laboratory indican que este cuerpo celeste acompaña a la Tierra desde la década de 1960 y continuará haciéndolo hasta el año 2083, cuando su órbita se modificará de manera natural.
Los especialistas señalaron que la distancia del asteroide se mantiene estable y fuera de cualquier escenario de impacto, por lo que no representa una amenaza para el planeta.
La NASA explicó que no debe confundirse una cuasi-luna con una mini-luna. Las mini-lunas son objetos capturados temporalmente por la gravedad terrestre, que orbitan la Tierra durante semanas o meses antes de escapar. En contraste, una cuasi-luna, como 2025 PN7, no está atrapada gravitacionalmente y mantiene su propia órbita solar.
Por otra parte, la agencia espacial descartó que este fenómeno tenga efectos sobre las mareas, el clima o la actividad humana, ya que su masa es demasiado pequeña para influir en procesos terrestres. Tampoco tiene implicaciones astrológicas ni altera dinámicas del planeta.
Para la comunidad científica, este tipo de objetos representa una oportunidad valiosa para el estudio de trayectorias cercanas, así como para el desarrollo de misiones de exploración, pruebas de desvío de asteroides y posibles proyectos de minería espacial en el futuro.
