El déficit de generación eléctrica obliga a cortes simultáneos que afectan a más de la mitad del país durante el pico nocturno.
La Habana (Marcrix Noticias).- La noche de este sábado, apagones masivos en Cuba dejaron sin servicio eléctrico a casi el 60% del territorio nacional, de acuerdo con datos oficiales de la estatal Unión Eléctrica (UNE). Se trata de uno de los episodios más severos de la crisis energética que atraviesa la isla.
Durante el horario de mayor consumo, el sistema eléctrico cubano registra una generación aproximada de 1,335 megavatios, frente a una demanda estimada de 3,150 megavatios, lo que deja un déficit superior a los 1,800 megavatios. Para evitar un colapso total del sistema, la UNE confirmó cortes simultáneos que afectan a más de la mitad del país.
La crisis se explica por la salida de operación de ocho de las 16 unidades termoeléctricas del país, muchas con más de cuatro décadas de funcionamiento, además de la escasez de combustibles necesarios para sostener la generación distribuida. Estas plantas aportan cerca del 40% de la electricidad nacional.
A ello se suma la reducción del suministro de petróleo proveniente de Venezuela, tras la captura del mandatario venezolano Nicolás Maduro a inicios de enero, lo que impactó de manera directa en uno de los principales apoyos energéticos del sistema cubano.
Falta de información y deterioro estructural
La Unión Eléctrica dejó de informar cuántos motores de generación distribuida permanecen fuera de servicio por falta de diésel, fueloil y lubricantes, una omisión que especialistas consideran indicativa del deterioro acelerado del sistema. Analistas independientes coinciden en que los apagones en Cuba no son un fenómeno coyuntural, sino el resultado de décadas de falta de inversión y mantenimiento.
Estimaciones técnicas señalan que se requerirían entre 8,000 y 10,000 millones de dólares para una recuperación mínima de la infraestructura eléctrica, una cifra fuera del alcance de una economía que acumula una contracción superior al 15% desde el 2020.
Los apagones prolongados afectan directamente la actividad productiva, el suministro de agua, los servicios de salud y la vida cotidiana de millones de personas. Además, los cortes eléctricos han sido uno de los principales detonantes de protestas sociales registradas en los últimos años, reflejando el creciente malestar ciudadano.
