Denuncian que el exceso de turistas encarece la vivienda y afecta la vida local.
Barcelona (Marcrix Noticias)– Con pistolas de agua, pancartas y silbatos, miles de personas tomaron las calles de Barcelona y Palma de Mallorca este domingo para protestar contra el turismo masivo, al que acusan de encarecer la vivienda, desplazar a residentes y transformar radicalmente el carácter de sus ciudades.
En Barcelona, manifestantes rociaron con agua a turistas sentados en cafeterías o paseando por el centro histórico, en una acción que combinó sátira con crítica social. “Las pistolas de agua son para molestar un poco a los turistas”, explicó Andreu Martínez, uno de los participantes. “Barcelona ha sido entregada a los turistas. Esta es una lucha para devolverle la ciudad a sus residentes”, añadió.
Entre las principales quejas de los asistentes está el auge de plataformas como Airbnb, que han convertido miles de viviendas en alojamientos turísticos, reduciendo la oferta para habitantes locales. “Mi alquiler ha subido más del 30%. Las tiendas de barrio desaparecen y todo se convierte en hamburgueserías o tiendas de souvenirs”, denunció otra manifestante.
En Palma de Mallorca, alrededor de 5,000 personas marcharon por las calles. Aunque algunas también usaron pistolas de agua, muchas lo hicieron solo para refrescarse debido al calor. La protesta mantuvo un tono pacífico, pero cargado de mensajes directos contra el alquiler vacacional, el principal blanco de las críticas.
El movimiento se coordinó también en otras ciudades como Granada, Ibiza, San Sebastián, Lisboa y Venecia, donde residentes desplegaron pancartas frente a nuevos hoteles y edificios turísticos. En Venecia, por ejemplo, se denunció la expulsión de los últimos residentes del centro histórico.
En 2024, España recibió 94 millones de turistas internacionales, cifra que contrasta con sus 48 millones de habitantes. En respuesta a la creciente presión social, el gobierno español ordenó a Airbnb retirar 66,000 anunciosilegales. Además, el Ayuntamiento de Barcelona anunció en 2023 que eliminará todas las licencias de alquiler turístico para 2028.
La consigna “Un turista más, un residente menos” sintetizó el sentimiento generalizado. Algunos momentos de tensión se vivieron frente a un hostal, donde manifestantes lanzaron agua y petardos, mientras trabajadores respondían cerrando puertas y con gestos de molestia.
No obstante, también hubo reacciones comprensivas por parte de los turistas. “No voy a quejarme. Estas personas sienten algo muy personal y quizás están perdiendo su ciudad”, comentó Wanda Dorozenski, visitante estadounidense, tras ser mojada por una pistola de agua.
Para activistas como Txema Escorsa, profesor barcelonés, la solución va más allá de políticas públicas: “Dejé de usar Airbnb, incluso cuando viajo. Sé que detrás hay alguien que perdió su hogar”.
El conflicto entre la economía del turismo y el derecho a la ciudad continúa creciendo y parece aún lejos de una solución definitiva.
